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Seamos gigantes en cuyos hombros las niñas y mujeres de hoy y del futuro puedan pararse para ser lo que quieran y vivir en igualdad.
Por Rosana Arizmendi Mejía - JuntasSomosMasMed@gmail.com
Crecí pensando que, cuando fuera grande, podía ser cualquier cosa. Porque tuve la fortuna de crecer con una mamá y un papá que me criaron rodeada de libros, me animaron a estudiar algo “que me gustara mucho, que me permitiera ganarme la vida y que me impulsara a trabajar por la sociedad”, y me rompieron —sin saberlo— algunos estereotipos de género: ambos trabajaban tiempo completo, y, en sus ratos libres, mi papá pintaba o tocaba piano, y mi mamá preparaba su próximo viaje de trabajo a las minas de Amagá o a El Banco, Magdalena.
Crecí pensando que, cuando fuera grande, podía ser cualquier cosa, porque tuve la oportunidad de estudiar en un colegio que, pese a que era solo de mujeres, me preparó para ser lo que quisiera, sin sesgos ni prejuicios; y ahí, al igual que en la universidad y en el doctorado, tuve profesoras que creyeron en mí y se convirtieron en mis referentes, y tuve profesores que no acallaron mi voz, sino que la escucharon.
Crecí pensando que, cuando fuera grande, podía ser cualquier cosa, porque en el mundo laboral, a pesar de que me he encontrado con comportamientos machistas que me han hecho pasar momentos muy difíciles, también me he cruzado con mujeres y hombres que me han abierto puertas, han confiado en mis capacidades y me han dejado crecer.
Pero, hoy, a mis 43 años, sé que esto ha sido un privilegio; uno al que muchísimas mujeres todavía no pueden acceder: contar con gigantes en cuyos hombros poderse parar para avanzar. En pleno siglo XXI, “ser cualquier cosa” sigue sin ser un derecho de todas, y es un privilegio de solo algunas, porque, pese a que hay progresos, en materia de equidad e igualdad de género aún seguimos fallando como sociedad. Lo dicen ONU, OCDE, Banco Mundial y el Foro Económico Mundial, que esta semana, a propósito del Día de la Mujer, compartieron datos como estos:
a) A este ritmo, todavía faltan 123 años para cerrar la brecha de género.
b) El 44% de los países no garantiza igual salario por igual trabajo. Además, según la OCDE, nosotras ganamos 89-90 centavos por cada dólar que ganan los hombres; es decir, la brecha salarial es de 10-11%.
c) A nivel mundial, las mujeres solo gozamos del 64% de los derechos legales que tienen los hombres.
d) Nosotras invertimos 2.4 horas más al día que ellos en trabajos de cuidado no remunerados.
e) Si las mujeres pudiéramos empezar y escalar negocios a la misma tasa que lo hacen los hombres, la economía crecería entre 5 y 6 trillones (de los gringos) de dólares.
f) A 2026, ningún país ha alcanzado la igualdad de género. Eso: ninguno.
Estas cifras deberían sacudirnos/interpelarnos/angustiarnos/importarnos a todos, pues definitivamente esto no es un asunto solo de mujeres; es una cuestión sistémica, de derechos, de humanidad. Como sociedad tenemos que estar a la altura de este llamado —urgente y aplastante— y actuar. Seamos gigantes en cuyos hombros las niñas y mujeres de hoy y del futuro puedan pararse para ser lo que quieran y vivir en igualdad. Que esto deje de ser el privilegio de algunas, y se convierta en el derecho de todas. ¡Salud!