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Enfrentar la Adversidad

Durante los conflictos mundiales del siglo XX, la política exterior del país ha tenido como constante la identificación con las democracias occidentales.

27 de febrero de 2025
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  • Enfrentar la Adversidad

Por Rodrigo Botero Montoya - opinion@elcolombiano.com.co

La experiencia de las economías emergentes exitosas revela la importancia de lograr darle una respuesta adecuada a la adversidad. Esto significa convertir una calamidad, o el riesgo de sufrirla, en un estímulo para transformar la nación respectiva.

Un caso notable es el de Japón en el siglo XIX, cuando el peligro de la dominación por parte de potencias occidentales dio origen al proceso acelerado de reformas económicas y sociales que sentaron las bases para convertirse en una nación industrializada. Casos similares son el surgimiento de Turquía, al colapsar el Imperio Otomano después de la Primera Guerra Mundial, y el de Corea del Sur, a partir de los años sesenta a pesar de los estragos causados por la Guerra de Corea.

Lo cual no significa que la adversidad sea deseable. En determinadas circunstancias, es inevitable.

Colombia se enfrenta a la situación inusual de tener que enfrentar simultáneamente dos causales de adversidad. Una doméstica, originada en la ineptitud y el caos administrativo del gobierno actual, algo que sólo se podrá modificar a partir del 2026. Otra externa, a raíz de la decisión de la administración Trump de destruir el orden internacional construido a partir de 1945 por iniciativa de Estados Unidos, país que actuaba como factor de estabilización, para remplazarlo por otro, en el cual la nación dominante asume el papel de hegemón expansionista y depredador. El nuevo esquema lleva implícitos el rompimiento de la solidaridad transatlántica, el abandono de Europa y el debilitamiento de la OTAN, que ha disuadido el expansionismo ruso desde 1949. Esos cambios han trastornado la geopolítica mundial y han fraccionado la unidad de Occidente. Este aspecto tiene relevancia para la política exterior colombiana. Durante los conflictos mundiales del siglo XX, la política exterior del país ha tenido como constante la identificación con las democracias occidentales. El manejo de la nueva situación va a requerir por parte de Colombia una coherencia conceptual y una destreza diplomática de las cuales carece el actual gobierno. Pero el propósito de esta columna es el de ofrecer un mensaje de esperanza, más bien que el de maldecir la oscuridad.

Hay un ejemplo hermoso de enfrentamiento a la adversidad en la formidable obra de Juan Gabriel Vásquez, Los Nombres de Feliza, la biografía de una mujer fuera de serie que irrumpe con sus esculturas, como una fuerza de la naturaleza, en una sociedad provinciana y mojigata; la sacude y la transforma. En su corta vida Feliza Bursztyn (1933-1982), se convirtió en una leyenda de la cultura colombiana con su talento, su rebeldía, su irreverencia y su sentido de humor. A la pregunta de si cargaba carteles que decían ‘Abajo los Hombres,’ respondió: ‘No, claro que no. Los hombres me encantan. Son un invento maravilloso que hay que cuidar.’

Feliza Bursztyn contribuyó con su arte y su personalidad a abrir las mentes y a modernizar el país.

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