Pico y Placa Medellín
viernes
7 y 9
7 y 9
Para volver a una situación fiscal parecida a la que había antes de la explosión del despilfarro, el recorte debería ser por lo menos de un tercio (38%).
Por Ricardo Urdaneta holguín - opinion@elcolombiano.com.co
El gobierno de De la Espriella ha demostrado su compromiso con el orden y la seguridad, capturando, extraditando o dando de baja un sorprendente número de criminales en muy poco tiempo. Esa fue la motivación principal para su elección.
En orden de preocupación, la siguiente motivación de sus electores fue la falta de trabajo y oportunidades de negocios: el crecimiento económico. No es un reto menor, partiendo del hoyo fiscal que dejó la siniestra, que ve las finanzas públicas como una piñata. A mayor gasto público, menor crecimiento económico. Así de sencillo.
La revelación de que el gobierno anterior había omitido un montón de compromisos en su proyecto de presupuesto, lo que requirió un ajuste al alza en el valor del mismo, no se acompañó de un plan de recorte del gasto. Los nombramientos en todo tipo de cargos redundantes o simplemente inútiles no auguran nada bueno en materia de recortes, no obstante existir propuestas para hacer ese recorte de dos personas que han abordado el tema con juicio: Daniel Raisbeck y Luis Guillermo Vélez Álvarez.
El pretexto para no entrar en materia tiende a ser que el margen de maniobra es muy pequeño, porque el servicio de la deuda, el sistema de participaciones y las pensiones acaparan la mayor parte del presupuesto (la mitad). Pero si el margen de maniobra es lo que queda por fuera de esos rubros, razón de más para abordar el tema. No es sólo cuestión de finanzas, es cuestión de percepción del mercado. El anuncio de un presupuesto superior al de Petro, sin recortes, ya ha encarecido la deuda en cerca de 100 puntos básicos.
A primero de enero, el presupuesto entre 2022 y 2026 pasó de un poco menos de 90 mil millones dólares (lo que en EE. UU. llaman “billones”) a unos 146 mil millones (547 millones de millones de pesos, lo que aquí llamamos billones). Un 62% de incremento en gastos que no se reflejan por ningún lado. Para volver a una situación fiscal parecida a la que había antes de la explosión del despilfarro, el recorte correspondiente, debería ser por lo menos de un tercio (38%). Eso no va a suceder, pero pone en perspectiva que la propuesta del gobierno de hacer un recorte de 20 mil millones de pesos es risible. Un tercio del presupuesto de este año serían 180 millones de millones. De pronto una propuesta de reducción de 60 de esos billones (los nuestros) cada año durante tres años sería viable, pero poco creíble. Eso nos lleva al elefante en el Capitolio: no existe ahí nada que se pueda llamar el Abelardismo. Para hacer una bancada que respalde sus proyectos, el gobierno tiene que ofrecer algo a cambio, a una constelación dispersa de políticos que ni siquiera se atienen a la orientación de sus propios partidos. Si bien la siniestra marcó un hito en materia de rapiña fiscal, no tiene ni remotamente el monopolio de esa vocación. La duda es si este gobierno va a conservar los niveles sin precedente de despilfarro para repartir mermelada.