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Columnistas | PUBLICADO EL 28 marzo 2023

Paz total: más que
palabras e intenciones

Lo que debería generar cohesión, emoción y esperanza en una etapa tan temprana del gobierno, hoy es un motivo de incertidumbre y división en el país.

Por Federico Hoyos Salazar - contacto@federicohoyos.com

Se requieren más que palabras para gobernar. Y más aún, para alcanzar los objetivos fundamentales que necesita el desarrollo nacional. Para alcanzar la paz, o al menos acercarse a ella, es preciso que exista una hoja de ruta clara, realizable y sobre todo transparente. Hasta el momento y bajo el nuevo gobierno, no la conocemos y por el contrario son más las preguntas que las certezas sobre este proyecto.

Hace algunos días, la Jefe de Despacho de la Presidencia de la República escribió una columna en El Tiempo titulada: La paz de Colombia es impostergable. Un texto personal y emotivo que seguramente se parece al anhelo de muchos colombianos. Para lograr este propósito se requieren más que deseos y emotividad. Ya sabemos que la paz es inaplazable, que es un mandato constitucional y más importante, que es un deber moral, sin embargo la nuez del problema no está en el qué sino en el cómo, y por eso vale la pena insistir ¿cómo se ejecutará la política de la “paz total”?

Este tema está cubierto de preguntas sombras y de un velo de ilegalidad que merece respuestas para que pueda existir posibilidad de éxito de esta iniciativa. Lo que debería generar cohesión, emoción y esperanza en una etapa tan temprana del gobierno, hoy es un motivo de incertidumbre y división en el país.

En primer lugar, es fundamental que el caso del hijo del presidente sea investigado por las autoridades y se responda si hubo o no ingreso de dineros de narcotraficantes a la campaña presidencial y si con éstos se buscaba beneficiar a algunos de ellos en la política de paz. Esta cuestión es del primer orden puesto que erosiona la legitimidad de la negociación y es difícil que éste pueda convocar a diferentes sectores de la sociedad si la razón básica por la cual se está adelantando carece de autoridad ética y legal.

Segundo, es necesario que el Ministerio de la Defensa trace límites del cese al fuego con las organizaciones criminales con las que se pretende negociar. Ante la falta de resultados y reglas claras desde el inicio, ya presenciamos cómo el gobierno tuvo que detener el cese al fuego con uno de estos grupos que no estaba cumpliendo lo supuestamente pactado y continuaba delinquiendo en medio del proceso.

¿Cuáles son las lecciones aprendidas con este caso? El deterioro de la seguridad en diferentes regiones condujo a que un grupo significativo de gobernadores subiera en sus redes sociales la imagen del escudo de Colombia como un llamado de atención al Ejecutivo para que sus planes de negociar no conduzcan al abandono en el ejercicio de la autoridad.

Tercero, hay un profundo vacío frente a la legalidad de negociar con personas y grupos dedicados estrictamente al narcotráfico. Esto abre diferentes interrogantes de orden constitucional donde se hace necesario que las cortes revisen y comuniquen al país sus decisiones en esta materia. Este asunto es central puesto que puede abrir o cerrar las puertas para que futuros gobiernos busquen la paz bajo unas condiciones determinadas.

Se debe insistir en que la campaña terminó. Las frases emotivas y las explicaciones grandilocuentes sobre las causas de la violencia y las posibles salidas de ésta, deben concretarse en hojas de ruta precisas, legales y transparentes. Insistir con lugares comunes sobre la importancia de la paz en términos abstractos poco contribuye a alcanzarla y por el contrario genera hastío y preocupación sobre el retorno de épocas complejas que gradualmente han sido superadas.

Federico Hoyos Salazar

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