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Columnistas | PUBLICADO EL 09 octubre 2022

Nuevo esfuerzo para cerrar el conflicto armado

El primer reto para el Eln es cómo negociar con un gobierno de centroizquierda cuando siempre se había imaginado negociando con lo que consideraba “su enemigo”.

La semana anterior, desde Caracas, el gobierno de Gustavo Petro y el Eln informaron a los colombianos y a la comunidad internacional su acuerdo de reanudar la mesa de conversaciones que había quedado suspendida al finalizar el gobierno de Juan Manuel Santos. Y es buena noticia porque se trata, dentro de la política que ha denominado el actual gobierno “paz total”, de hacer un nuevo esfuerzo, junto con el Eln, para llegar a acuerdos que permitan cerrar el conflicto armado interno. Pero el que sea buena noticia no quiere decir que será fácil llegar a acuerdos y menos que sea algo que se logre de manera rápida.

Recordemos, e informemos para los que no sepan, que el Eln es una guerrilla que surge bajo la influencia de la Revolución cubana y las ideas del Che Guevara en 1964 —de ahí su consigna de Nupalom, ni un paso atrás: liberación o muerte—. Inició en julio de ese año lo que llaman la primera marcha guerrillera y hacen su presentación pública el 7 de enero de 1965 tomándose el poblado de Simacota en Santander. Allí tuvo su corta pero importante militancia el sacerdote Camilo Torres Restrepo. Del seno de esta insurgencia surge el primer grupo, llamado “Replanteamiento”, que propone la posibilidad de una salida negociada a la confrontación armada a mediados de los años 70. Pero solo participa por primera vez en un proceso de conversaciones con el gobierno de Gaviria, junto con la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, en Caracas y Tlaxcala. Posteriormente y de manera individual, lo intenta con los gobiernos de Samper, Pastrana y Uribe, pero en todos estos casos no se logró formalizar una negociación. Se consiguió, por primera vez, con el gobierno de Santos, en que se acordó una agenda conjunta y unos procedimientos compartidos.

Ahora con el gobierno de Petro se enfrenta a unos desafíos, pero también a unas coincidencias. El primer reto, para el Eln, es cómo negociar con un gobierno de centroizquierda, cuando siempre se había imaginado negociando con lo que consideraba “su enemigo”; el segundo es pasar del modelo de negociación total del gobierno de Santos —”nada está acordado hasta que todo esté acordado”— a uno de negociación parcial sucesivo —”punto que se va acordando, se comienza a implementar” y se continúa negociando—, sobre el cual las dos partes están de acuerdo, el desafío es ponerlo en práctica; el tercero, la dejación de armas de manera secuencial a cómo se vaya avanzando en los aspectos de la negociación —acá el reto es para el Eln, que debe ser capaz de llegar internamente a consensos en esa dirección—; el cuarto, manejar los tiempos de la negociación, sabiendo que el Eln, por su estructura organizativa, requiere periódicamente consultar con sus direcciones regionales; el quinto, y no menos importante, cómo se va a organizar la participación de la sociedad —en qué momento, en dónde, con qué alcances, etc.—, sobre lo cual hay coincidencias entre las partes, el tema es su realización.

Igualmente, hay coincidencias que pueden facilitar las conversaciones; primero, la idea de que acabar con la violencia no es solamente desarmar al grupo irregular, sino avanzar en las transformaciones sociales, es decir, la intención de superar las violencias que han marcado la historia de los territorios; segundo, que las decisiones siempre deben corresponder a acuerdos bilaterales y no solamente a “exigencias” que le hace el gobierno al grupo armado ilegal —esto a partir de reconocer en los orígenes y la intencionalidad del grupo alzado en armas su naturaleza política—.

Es un interesante desafío. Manejado con tacto, con apoyo de la sociedad y la comunidad internacional, tendría una alta probabalidad de terminar bien. Sería lo mejor para los colombianos 

Alejo Vargas Velásquez

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