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Necesitamos más empresas grandes

Hay que crear empresa, claro, pero hay que priorizar la asociación para construir empresas grandes.

hace 2 horas
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  • Necesitamos más empresas grandes

Por David González Escobar - davidgonzalezescobar@gmail.com

En Colombia sufrimos una enfermedad que yo calificaría como el emprendedurismo tóxico: estamos obsesionados con ser “nuestros propios jefes”. “El número ideal de socios es impar y menor que dos”, pensarán algunos: tenemos arraigado el imaginario de que tener empresa propia está un escalón más arriba que ser empleado.

Sin embargo, a mí me preocupa justo el problema contrario: tenemos demasiados empresarios. Solo que se parecen muy poco al emprendedor que tenemos romantizado.

Según cifras del Consejo Privado de Competitividad, más de nueve de cada diez empresas registradas en Colombia tenían menos de diez empleados. Sin embargo, a pesar de ser la abrumadora mayoría de compañías, estas microempresas concentraban menos de una cuarta parte del empleo formal: nuestra informalidad está estrechamente ligada a la abundancia de micronegocios que no logran salir de la “trampa de pobreza” de la improductividad.

Según el DANE, en 2021 siete de cada diez propietarios de micronegocios pertenecían a hogares pobres o vulnerables. Entre esos propietarios, alrededor del 95% no realizaba aportes a salud y pensión con los recursos del negocio. La mayoría de “emprendedores” y “empresarios” en Colombia no son los pomposos ejecutivos que existen en el imaginario de muchos, sino personas vulnerables tratando de subsistir: los puestos de empanadas, el vendedor en el semáforo o el comerciante que vive con lo del día a día. ¿Queremos más “emprendedores” que se vean así?

Colombia es, de lejos, el miembro con la menor productividad laboral de la OCDE: en 2024 el país generó menos de veinte dólares de PIB por hora trabajada, menos de una cuarta parte de lo que produce Estados Unidos, y mucho tiene que ver con esa carga de improductividad que traen tantas empresas pequeñas y excluidas de las ventajas de la formalidad.

Y, aun así, casi nadie habla de la otra cara del argumento, cuando no se la desdeña de plano: qué tanto pesan las empresas grandes en la prosperidad de un país.

Las economías de mejor desempeño tienden a concentrar una mayor proporción del empleo en compañías grandes y competitivas, que pagan mejores salarios, tienen capacidad para exportar, aprovechan economías de escala y generan los excedentes necesarios para invertir en innovación.

El McKinsey Global Institute analizó más de ocho mil empresas grandes de cuatro sectores en Estados Unidos, Reino Unido y Alemania: menos de cien compañías “sobresalientes” concentraron cerca de dos tercios de las contribuciones positivas al crecimiento de la productividad en las muestras estudiadas entre 2011 y 2019. En ese pequeño grupo de grandes empresas se dan los saltos de innovación y productividad que terminan impulsando el crecimiento de la economía en su conjunto.

Claro que existen, sobre todo en América Latina, los grandes “empresaurios”: empresarios que utilizan su escala para perpetuar ventajas regulatorias y políticas y así capturar rentas.

Pero eso no parece una razón suficiente para desconocer lo anterior: el aumento de la productividad y el crecimiento de Colombia provendrán, con gran probabilidad, de las grandes compañías. Deberíamos, entonces, procurar el entorno competitivo más propicio para que puedan crecer.

En vez de romantizar aún más el emprendimiento, deberíamos dejar de obsesionarnos con crear empresa propia y enfocar nuestros esfuerzos en formas de asociación que nos permitan salir de la “trampa de los micronegocios” y transitar hacia la creación de más empresas grandes: es allí donde se llega a la formalidad, a las mejores prácticas gerenciales y, sobre todo, a una mayor productividad.

Hay que crear empresa, claro, pero hay que priorizar la asociación para construir empresas grandes.

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