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Los directores del Dane están para dirigir la producción estadística y el Sistema Estadístico Nacional, no para otro propósito.
Por Mauricio Perfetti Del Corral - mauricioperfetti@gmail.com
Recientemente se conoció que la rueda de prensa del Dane para informar acerca del IPC de agosto fue suspendida por la Presidencia, bajo la instrucción de que ninguna entidad del Estado puede dar declaraciones sin aprobación del gobierno. Invocando esa orden, todas las demás ruedas de prensa del Dane quedaron suspendidas indefinidamente.
Dicha decisión constituye una indebida intromisión en el quehacer del Dane, en particular en la difusión de la información, que dicha institución realiza con rigor y transparencia como le corresponde. Esa no es, ni puede ser, función de la Presidencia, so pena de socavar la independencia técnica que la ley le concede y la credibilidad de sus cifras.
Pero más grave aún es la justificación de la insubsistencia del Director Valencia: su afirmación de “no haber encontrado anomalía alguna en los indicadores del Dane de julio, cifras producidas en el último mes del gobierno anterior”. Los directores del Dane están para dirigir la producción estadística y el Sistema Estadístico Nacional, no para otro propósito.
Es necesario advertir que el Dane se rige por estándares internacionales de la ONU y la OCDE, cumple un cronograma de publicaciones y transmite información estadística a esta última para sus análisis. Además, hace parte de la Comisión de Estadística de la ONU y del Comité de Estadística de la OCDE. Como si fuera poco, la OCDE evaluó exhaustivamente las operaciones estadísticas del país como parte del proceso de acceso de Colombia; de la mano del Dane se hicieron los ajustes necesarios, y desde entonces existe seguimiento posterior. En otras palabras: las estadísticas del Dane ya fueron auditadas por la OCDE.
El Dane ha sido una entidad trascendental en proveer información oportuna y de calidad para las decisiones del Estado, las empresas y los ciudadanos. Ha realizado seis censos de población y vivienda, tres agropecuarios y cuatro económicos desde su creación en 1953; hoy tiene más de 80 operaciones estadísticas, cerca de 18 de frecuencia mensual. En 2015, la Ley 1753, y su ulterior desarrollo, creó el Sistema Estadístico Nacional, base de la gobernanza estadística del país.
Esa trayectoria muestra una gran capacidad para ejecutar operaciones censales complejas, sostener una producción estadística continua y evolucionar metodológica y tecnológicamente (encuestas, registros administrativos, cartografía, captura digital, georreferenciación). Como dice Hernán Jaramillo, ex decano de Economía de la Universidad del Rosario, en un estudio de 2018 para la APC: “un factor de innovación del Dane ha sido la estructura organizacional adoptada, en la que puede garantizar su independencia, tener legitimidad y generar confianza”.
El Dane, con toda esa historia, debería estar ocupado en liderar con urgencia un nuevo Censo Agropecuario, y especialmente el de Población y Vivienda antes de quedar fuera de la ronda actual. Las estadísticas del Dane no son del gobierno: son de la sociedad en su conjunto. Alterar lo anterior y su independencia tendría consecuencias desastrosas, pues equivaldría a montar el país sobre unas estadísticas amañadas al servicio de quien ostente el poder. Un llamado a la reflexión al vicepresidente José Manuel Restrepo, que conoce muy bien la importancia de un Dane independiente.