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Mateo Castaño Sierra

Ingeniero civil con maestrías en Finanzas de la Universidad EAFIT y Administración de City, University of London. Ha sido analista financiero, consultor en estrategia y director de Planeación. Su trayectoria combina el análisis cuantitativo con la comprensión económica de empresas y regiones. Apasionado por los desafíos que despiertan su curiosidad, Mateo plantea lo que Medellín requiere para consolidarse como destino global sostenible.

¡Qué jodido trabajo!

hace 46 minutos
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  • ¡Qué jodido trabajo!
  • ¡Qué jodido trabajo!

Por Mateo Castaño Sierra - @matecastano

De los más de 100 colombianos que quisieron ser presidentes en 2026, apenas sobreviven los 2 que pasaron anoche a segunda vuelta. Y de los más de 3.000 que quisieron ser congresistas, solo el 5% acabaron electos. Para dar contexto de lo difícil que es ser elegido en política, los Navy SEALs tienen una tasa de graduación del 25% —y ellos al menos saben desde el principio que los van a torturar. Con el ciclo electoral casi cerrado, quiero aprovechar para defender una idea impopular: el trabajo más jodido del mundo es ser político honesto. Sí, político honesto. No se rían todavía.

Si las tres cosas que el ser humano busca en una profesión es ser bueno en lo que hace, disfrutarlo o ganar bien, la política honesta no cumple con ninguna. Veamos.

Empecemos por ser bueno. La política exige dos habilidades opuestas: conseguir votos y gobernar. Si los magos del storytelling ganan elecciones, los magos de la ejecución ganan el futuro —y rara vez son la misma persona. Ser popular es el requisito de entrada; ser impopular suele ser el precio de gobernar bien. La historia humana está llena de destructores populares y constructores impopulares. Todo político acaba aceptando que es bueno para lo uno o lo otro; pero casi nunca para ambas cosas.

El disfrute es peor aún. La política es una profesión con downside enorme y upside pequeño. Los legisladores en democracias maduras trabajan en promedio más de 70 horas semanales —más que la mayoría de los ejecutivos que los critican desde LinkedIn. Muchos no llevan vidas equilibradas: les cuesta la familia, el cuerpo o la mente. La política está llena de divorciados, enfermos y deprimidos —y no lo digo de oídas. Lo peor: hay exfuncionarios tan honestos como arruinados, cuyo salario público se fue íntegro en abogados al salir del cargo, perseguidos por investigaciones injustas e interminables.

Luego está la plata. Un alcalde de Medellín administra un presupuesto de miles de millones de dólares —responsabilidad de CEO de multinacional— con sueldo de gerente de empresa mediana. En las grandes empresas privadas colombianas hay decenas de empleados que ganan más que el presidente de la República. Como diría Karol G: ¿todo esto por nara?

Y la cereza: después de una campaña que puede durar un año, si uno gana las elecciones, el premio es empezar el trabajo de verdad. Es como ganar una maratón y descubrir que el trofeo son diez maratones más. ¿A quién en su sano juicio se le ocurre hacer esto? Ese es exactamente mi punto.

Los escépticos dirán que todos los políticos son igual de malos y ladrones. Mi opinión es otra: hay políticos honestos, no son pocos, y merecen más reconocimiento del que reciben. Pienso en Andrés Camargo, el mejor gerente en la historia del IDU, que acabó injustamente en la cárcel y aun así dice que no hay nada más bonito que el servicio público. Esa es la mística de la política bien hecha. Así que la próxima vez que quiera maldecir a un político, hágalo. Pero reserve un momento para pensar en los que hacen bien un trabajo tan jodido. Qué suerte para Colombia que tengamos gente que se le mide a este desafío. Mi admiración para ellos.

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Mateo Castaño Sierra

Ingeniero civil con maestrías en Finanzas de la Universidad EAFIT y Administración de City, University of London. Ha sido analista financiero, consultor en estrategia y director de Planeación. Su trayectoria combina el análisis cuantitativo con la comprensión económica de empresas y regiones. Apasionado por los desafíos que despiertan su curiosidad, Mateo plantea lo que Medellín requiere para consolidarse como destino global sostenible.

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