Pico y Placa Medellín
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Ingeniero civil con maestrías en Finanzas de la Universidad EAFIT y Administración de City, University of London. Ha sido analista financiero, consultor en estrategia y director de Planeación. Su trayectoria combina el análisis cuantitativo con la comprensión económica de empresas y regiones. Apasionado por los desafíos que despiertan su curiosidad, Mateo plantea lo que Medellín requiere para consolidarse como destino global sostenible.
Esa es la lección de la servilleta: cada peso que gasta el Estado no cae del cielo; exige un milagro económico previo.
Por Mateo Castaño Sierra - @matecastano
Hace unos días, invirtiendo productivamente mi tiempo en una discusión sobre gasto público en Twitter, terminé haciéndome una pregunta: ¿cuánto esfuerzo debe hacer una empresa para financiar, vía impuestos, el salario de un funcionario? La cuenta de servilleta es esta: un empleado público de rango medio-alto gana $18 millones al mes, que con prestaciones equivalen a unos $360 millones al año. Para que su impuesto de renta cubra esa sola nómina, una empresa necesita vender $12.000 millones –con supuestos razonables de márgenes y tarifa de renta. ¿La alternativa? El IVA del consumo producto del trabajo de 133 familias colombianas durante un año completo. Confieso que el primer sorprendido fui yo. Escalofriante.
Tras publicar el tweet, la sorpresa resultó contagiosa: la cuenta corrió sola por las redes —señal de que toca un nervio— y empezaron a llegar encargos. ¿Qué se necesita para financiar un evento de $4.400 millones? Que una empresa venda casi $150.000 millones o que trabajen 1.600 familias: un año entero de esfuerzo gastado en un solo día. ¿Y una secretaría pequeña, de $25.000 millones? Una empresa que venda más de $800.000 millones —apenas unas 300 lo logran en Colombia y en muchos departamentos no hay ni una— o el trabajo de 9.250 familias. ¿Y un ministerio pequeño, de $1 billón? Una empresa con ventas de $33,6 billones. Tenemos exactamente una, Ecopetrol, y además es mixta. Privadas: cero. Si aún falta perspectiva mire este dato: se necesitan 347 familias o una empresa de 31 mil millones en ventas para financiar 1 sólo congresista. Y tenemos 295. Tremendo.
Esa es la lección de la servilleta: cada peso que gasta el Estado no cae del cielo; exige un milagro económico previo. O empresas gigantes —de las que se cuentan con los dedos— o legiones de familias trabajando el año entero. Alguien tuvo que arriesgar capital, contratar, competir, madrugar y trasnochar. Multiplique ese milagro por los $546,9 billones del Presupuesto General de la Nación de 2026 y entenderá el esfuerzo descomunal que les pedimos a nuestras empresas y familias.
¿Se puede adelgazar el Estado sin caer en la ley de la selva? Claro que sí. Suecia —a la que nadie acusará de neoliberal— recortó su gasto público de casi 70% del PIB a cerca del 50% en los noventa y volvió a crecer con vigor. Nueva Zelanda hizo su cirugía en los ochenta y hoy es referente mundial de buen gobierno. No es ideología: es aritmética.
Que no me malinterpreten: no se trata de acabar con el Estado. Lo necesitamos —y lo necesitamos bueno— para la seguridad, la justicia, la educación o la protección de los más vulnerables. Pero acotado y medido: que cada peso se gaste consciente del milagro que cuesta producirlo.
Como la servilleta no alcanzaba para tantas cuentas, la convertí en página web: www.cuentadeservilleta.org. Entre y juegue: escoja cualquier gasto público y descubra cuántas empresas o cuántas familias se necesitan para pagarlo —y ajuste los supuestos si no me cree—. Así, la próxima vez que alguien le diga que unos millones “no son nada”, hágale un favor: pida una servilleta y sáquele la cuenta.
Ingeniero civil con maestrías en Finanzas de la Universidad EAFIT y Administración de City, University of London. Ha sido analista financiero, consultor en estrategia y director de Planeación. Su trayectoria combina el análisis cuantitativo con la comprensión económica de empresas y regiones. Apasionado por los desafíos que despiertan su curiosidad, Mateo plantea lo que Medellín requiere para consolidarse como destino global sostenible.