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¿Es inmoral lucrarse con la salud?

hace 27 minutos
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  • ¿Es inmoral lucrarse con la salud?
  • ¿Es inmoral lucrarse con la salud?

Por Luis Gonzalo Morales Sánchez - opinion@elcolombiano.com.co

Pocas discusiones generan tanta controversia como la relación entre salud y lucro. Para amplios sectores de la izquierda, especialmente aquellos influenciados por la tradición dogmática marxista, obtener ganancias económicas de la atención sanitaria resulta moralmente cuestionable. Su argumento es que, si el trabajo es el creador de riqueza, la apropiación privada de utilidades constituye una forma de explotación; y cuando esa lógica se aplica a una necesidad esencial como la salud, la objeción adquiere una dimensión ética aún mayor.

Esta visión tiene profundas raíces históricas. En la industrialización europea del siglo XIX, millones de trabajadores carecían de acceso a servicios médicos mientras la riqueza se concentraba en pequeños grupos económicos. De allí surgió la idea de que la salud debía ser protegida como derecho social y no como una mercancía más. Posteriormente, los Estados de bienestar construidos después de la Segunda Guerra Mundial consolidaron sistemas públicos universales que buscaban garantizar el acceso sin depender de la capacidad de pago de las personas.

Sin embargo, la experiencia internacional también ha demostrado que el debate no puede reducirse a una simple oposición entre Estado y mercado. La realidad es mucho más compleja. Hoy, la inmensa mayoría de los sistemas de salud exitosos del mundo funcionan mediante esquemas mixtos que combinan fortalezas públicas y privadas. Países tan diversos como Alemania, Francia, Holanda o Suecia incorporan aseguradores, hospitales y prestadores privados dentro de marcos regulatorios y de control sólidos dirigidos por el Estado.

La verdadera discusión, por tanto, no debería ser si existe o no participación privada con ánimo de lucro, sino bajo qué reglas opera. El problema no es la existencia de clínicas, laboratorios farmacéuticos o aseguradores privados. El problema surge cuando los incentivos económicos no están adecuadamente regulados y terminan subordinando el interés público a la rentabilidad financiera. Allí aparecen fenómenos como la selección de pacientes, las barreras de acceso, la concentración de mercado o el uso ineficiente de los recursos.

La evidencia internacional muestra que ni el monopolio estatal ni la desregulación absoluta ofrecen soluciones satisfactorias. Los sistemas exclusivamente públicos suelen enfrentar dificultades de financiamiento, burocracia y oportunidad en la atención. Los sistemas excesivamente mercantilizados, por su parte, pueden generar inequidades profundas y costos descontrolados. Los mejores resultados suelen encontrarse en modelos donde el Estado regula, financia y vigila, mientras el sector privado aporta capacidad de gestión, innovación e inversión.

En Colombia, esta discusión ha sido particularmente intensa desde la Ley 100 de 1993. Durante décadas, el debate público ha oscilado entre quienes consideran que la participación privada es la causa principal de los problemas del sistema, y quienes atribuyen las fallas a deficiencias regulatorias e institucionales. Quizás ambas posiciones contienen parte de la verdad, pero ninguna explica por sí sola la complejidad del problema.

Tal vez el desafío no sea decidir entre mercado o Estado. El verdadero reto consiste en construir un equilibrio inteligente donde la eficiencia económica esté al servicio del derecho a la salud y no al contrario. Porque la pregunta no es si debe existir participación privada con lucro, sino en cómo garantizar que esta contribuya al bienestar colectivo.

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