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Por Jorge Zuluaga Ceballos - opinion@elcolombiano.com.co

Los ricos también lloran

Causa tristeza e incluso vergüenza cada vez que se discute en el Congreso la propuesta de disminuir el sueldo de los congresistas.

10 de septiembre de 2023
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Por Jorge Zuluaga Ceballos - opinion@elcolombiano.com.co

Colombia es una democracia representativa y en teoría cualquier persona podría ocupar cargos de elección popular. Sin embargo, la práctica es un poco más compleja pues se requiere del apoyo de un partido político o en su defecto avalar este mediante la recolección de firmas. Esto termina limitando la participación a unos pocos, sin sumarle las grandes cantidades de dinero que se requieren, lo que ya de por sí hace que sean muy pocos así no lo parezca.

El hecho anterior ya demuestra que quienes nos representan son unos cuantos privilegiados y como muchos lo dicen son una pequeña elite que siempre nos gobierna (da igual si ya eran parte de esta o solo acabaron de llegar por su nuevo puesto). Pero donde realmente estos políticos se diferencian de esos colombianos a quienes dicen representar es en su modo de vida y niveles de ingresos. Es ahí donde parece que se tratara de dos países diferentes, y los colombianos debemos ver cómo estos dirigen desde sus posiciones de privilegio al parecer olvidando al resto de ciudadanos que no pueden vivir como ellos.

Todos tenemos reciente la cifra de 43 millones que gana cada senador. Si esto lo comparamos con los datos que ofrece un reciente artículo de La República titulado Las clases sociales en Colombia, el asunto da mucho qué pensar. Con proyecciones realizadas por Anif el texto dice: “...clase alta (aquellos con ingresos mensuales per cápita mayores a los $4.201.570) representan el 4.6% de la población colombiana”. En resumen, uno de nuestros padres de la patria perfectamente podría tener una familia compuesta por 10 miembros y sin ningún otro ingreso adicional pertenecería a ese pequeño grupo que denominamos clase alta. (Con la conformación de familias hoy seguro ninguno de ellos tiene una así de grande).

Por eso causa tristeza e incluso vergüenza cada vez que se discute en el Congreso la propuesta de disminuir el sueldo de los congresistas, sin importar el gobierno que sea, pero mas aún con el actual que pregonó tanto incluso antes de llegar. Cómo planea un congresista que los ciudadanos del común entendamos que pagar arriendos de 4.6 millones es algo normal e incluso sinónimo de una vida sencilla; o que pagar mercados sin proteína animal (muy cara hoy) por valor de 2.5 millones sea una cifra normal; o cómo olvidar a ese político, hoy fuera del país, que desde un cargo público indicaba que no le alcanzaba ni para la gasolina (qué diría hoy cuando de verdad sí está impagable); o ver cómo recientemente uno de ellos dijo que sus sueldos ya disminuyeron por la reforma tributaria express aprobada por ellos mismos. Como si no hubieran previsto su impacto hasta este momento sobre ellos y mucho menos sobre el resto de ciudadanos. Han llegado incluso a proponer que para ajustar sus “pírricos” sueldos los dejen realizar otros trabajos.

Cómo podemos esperar que este país cambie si esta elite que nos gobierna en todo momento, considera que les debemos y no que ellos son los que deben a Colombia el lugar que ocupan. Bajar su sueldo significaría que entiendan de primera mano cómo es que viven aquellos a quienes representan o que al menos hagan el intento de entender los efectos que tienen sus decisiones sobre la gran mayoría de colombianos que ellos dicen representar y a la cual ya no pertenecen. Definitivamente, como el título de aquella novela ya muy vieja y que pocos deben recordar “Los ricos también lloran”.

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