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Confusión vital

Hace unos días, Paul Krugman se despedía de su columna en el New York Times con una reflexión sobre cómo el optimismo ha sido sustituido por la ira y el resentimiento.

15 de diciembre de 2024
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  • Confusión vital

Por Lina María Múnera Gutiérrez - muneralina66@gmail.com

Que un presunto asesino como Luigi Mangione haya subido a los altares de la heroicidad y sea aclamado como símbolo sexual en las redes sociales dice mucho de lo perdidos que estamos. Estos parecen ser tiempos de andar sin brújula en un laberinto confuso donde la ira y la irracionalidad nublan cualquier posibilidad de encontrar la salida.

La fascinación que ha despertado este personaje que le disparó a sangre fría a Brian Thompson, director de UnitedHealhtcare -la mayor aseguradora médica del mundo- no es nueva, porque el morbo siempre ha estado presente en la sociedad. Pero la frivolidad y el júbilo con el que se han lanzado miles de personas a emitir comentarios sobre el tema lo deja a uno estupefacto.

Internet explotó con bromas y apuntes en busca de likes, siendo uno de los más virales el que decía “se requiere autorización previa para pensamientos y oraciones” o muy celebrado el “demasiado bueno para ser convicto”. Se publicaron cientos de imágenes manipuladas que mostraban al presunto culpable en distintos lugares a la vez, y apenas fue arrestado, ganó mil seguidores por minuto en X. El ciberespacio se llenó de portales que venden gorras, camisetas, tazas y suéteres con la imagen de Mangione. Hasta se han creado varios fondos que recogen dinero para ayudarle a pagar los gastos de su defensa, uno de los cuales llevaba ya recolectados 70.000 dólares.

El domingo pasado, en un parque de Nueva York, se celebró un concurso para encontrar dobles del criminal y poco a poco le están dando un aura mítica al relato de lo que hizo comentando con admiración que construyó el arma con una impresora en 3D, que se escapó del lugar del crimen en bicicleta eléctrica o que dejó un morral con billetes de jugar Monopololio.

Y no, no vale la disculpa de que la gente está frustrada con el sistema sanitario que padece Estados Unidos y que con ese crimen ha canalizado su descontento. En el fondo de todas las reacciones que ha despertado el caso está la normalización de la violencia y la aceptación del extremismo como parte del diario vivir de una sociedad desquiciada.

Hace unos días, Paul Krugman se despedía de su columna en el New York Times con una reflexión sobre cómo el optimismo ha sido sustituido por la ira y el resentimiento. Lo vemos en la elección de líderes políticos que confunden el acoso con la fortaleza o que convierten el poder en un arma arrojadiza, que trinan día y noche en una especie de delirio febril o que por dárselas de modernos intentan difuminar los límites entre el bien y el mal.

De allí esta sociedad con vista nublada que camina a tientas y se regodea en el asesinato de un hombre mientras confunde al desequilibrado con un héroe. Que no siente la más mínima consideración por la víctima y, en cambio, enaltece la decisión de un extremista que en algún momento perdió el rumbo.

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