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Esta es la nueva diplomacia de la Casa Blanca, que practica sin disimulo el humillar al más débil. Como si de verdad tuviera buenas intenciones, Trump habla de paz cuando lo que busca es una rendición.
Por Lina María Múnera Gutiérrez - muneralina66@gmail.com
Hasta hace tres días, la idea de esta columna era reflexionar sobre el ejercicio de cinismo y crueldad que había demostrado el presidente de Estados Unidos al publicar en sus redes un video de treinta segundos, hecho con IA, en el que se muestra la transformación de Gaza desde la destrucción actual hasta el resort de lujo que él se sueña tras expulsar a más de 2,1 millones de gazatíes de la franja. Pero la emboscada humillante contra Volodymyr Zelenskyy que se pudo ver en vivo y en directo el viernes pasado en el Despacho Oval, convierte en secundario el ofensivo clip porque supera con creces cualquier ingenua ilusión de encontrar algo de humanidad o decencia en el poderoso líder del país del norte.
El mencionado video parece una broma macabra. Con un rap de fondo que corea “Donald ha llegado para liberarte” se ven imágenes que pasan de edificios destruidos y gente deambulando por las calles, a un espacio idílico con rascacielos, hoteles, piscinas y toda clase de lujos. El mismísimo Trump aparece al lado de Netanyahu recostado en una silla junto a la lujosa piscina de un supuesto hotel Trump Gaza. Musk aparece tirando billetes al aire mientras varios niños los recogen alegremente, hay bailarinas con barba interpretando la danza del vientre y una estatua gigantesca de oro con la figura de Trump, se erige como señal definitiva de la megalomanía.
Que esto le haga tanta gracia al señor Trump como para que lo cuelgue en su cuenta de Truth Social ya es aterrador. Y no precisamente por lo que dice de su aberrante sentido del humor o su esperpéntico sentido estético, sino por su total falta de empatía con la terrible guerra que tantos muertos y desplazados ha generado.
Sin embargo, esto palidece ante lo acontecido durante la visita del presidente ucraniano a Washington. El desprecio con el que trataron Trump y su vicepresidente JD Vance a Zelenskyy dejó descolocado durante un rato a todo aquel que presenció lo sucedido. Le levantaron la voz para decirle que no había sido lo suficientemente “respetuoso” o “agradecido”. Le exigieron que firmara inmediatamente un tratado de paz en el que no tuvo parte porque todo se negoció entre los equipos de Trump y Putin. De pasada le restregaron que no tenía ninguna otra carta qué jugar en la guerra contra Rusia y, en una extraña interpretación de los hechos, lo acusaron de querer empezar una Tercera Guerra Mundial mientras lo mandaban callar porque ya había hablado más de lo necesario.
Esta es la nueva diplomacia de la Casa Blanca, que practica sin disimulo el humillar al más débil. Como si de verdad tuviera buenas intenciones, Trump habla de paz cuando lo que busca es una rendición. Pero no del tirano invasor que comenzó la guerra, sino del invadido. En un pódcast de 2022 Vance dijo: “Realmente no me importa lo que pase en Ucrania”. Y tras el vergonzoso episodio en el Despacho Oval Trump declaró: “No creo que él (Zelenskyy), sea realmente importante para estas reuniones”. Así se entiende mejor de qué va este juego.