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Un apagón hoy provocado por El Niño, o más adelante originado por el desequilibrio entre oferta y demanda, aún es evitable.
Por Alejandro Arbeláez A. - opinion@elcolombiano.com.co
Colombia avanza hacia una tormenta perfecta en materia energética porque el gobierno saliente mezcló, peligrosamente, ideología e incompetencia en el manejo de un sector históricamente caracterizado por el rigor técnico.
Ideología, porque emprendió una cruzada contra el mercado de energía y las empresas que lo conforman; estigmatizó proyectos estratégicos, como Hidroituango; nunca entendió que la mejor manera de reducir tarifas es aumentar la oferta en vez de perseguir a quienes generan la energía; y porque el presidente, en su cruzada cósmica ambiental, ignoró que Colombia posee una de las matrices energéticas más limpias del mundo, donde más del 70 % de la electricidad proviene de fuentes renovables, principalmente hidroeléctricas.
Incompetencia, porque puso al frente del Ministerio de Minas y Energía, de la CREG y de las empresas intervenidas a personas sin experiencia para comprender la complejidad del sector, el funcionamiento de un mercado regulado y límites que la ley impone a la intervención del Estado. Las consecuencias son nefastas: no se concretaron proyectos relevantes de generación, se retrasaron obras de transmisión indispensables, las empresas intervenidas aumentaron pasivos y el Gobierno dejó de pagar al sistema billones de pesos por subsidios, opción tarifaria y consumo de energía de entidades públicas. Produjo un apagón técnico, al no entrar en operación más del 80 % de megavatios anunciados, y un apagón financiero, al no girar a las empresas los más de nueve billones de pesos adeudados.
Si por el lado de la oferta no llueve, por el de la demanda no escampa. Mientras los nuevos proyectos de generación prácticamente se pararon, el consumo continúa creciendo por la industrialización, la movilidad eléctrica, las telecomunicaciones, la inteligencia artificial y los electrodomésticos. Ese crecimiento significa desarrollo; el problema surge cuando la oferta no es capaz de soportarlo, lo que presiona tarifas y aumenta riesgo de racionamientos. Además del problema estructural, este segundo semestre enfrentaremos un fenómeno de El Niño severo que, a diferencia de episodios anteriores, nos encuentra sin holgura entre oferta y demanda. Para enfrentarlo, el nuevo gobierno no necesita reinventar el modelo energético colombiano. Necesita recuperar un sistema que durante décadas fue referente latinoamericano por su institucionalidad, su planeación y su fortaleza técnica.
Ello es posible con el liderazgo de la ministra de Minas y Energía designada, María Nohemí Arboleda, seria y rigurosa, conocedora del sector y con alta credibilidad institucional. Si de su mano devolvemos la técnica al lugar de la ideología y la planeación al de la improvisación, superaremos la coyuntura y estaremos mejor preparados.
Un apagón hoy provocado por El Niño, o más adelante originado por el desequilibrio entre oferta y demanda, es evitable. La propuesta de creación de una Mesa Antiapagón que, liderada por la designada ministra y con la participación de actores energéticos, reguladores y usuarios, trabaje en equipo y con urgencia un plan de choque sectorial que sea activado el 7 de agosto. Sabemos que El Niño volverá y que el desarrollo exige cada vez más energía. La buena noticia es que el país tiene el sistema, la ministra y el equipo para producir de manera limpia, cuantiosa y confiable la energía que Colombia y su desarrollo necesitan.