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La sala secreta de Miguel Ángel

No se concibe la obra de este artista sin los Medici, ese linaje de banqueros y mecenas que definió el renacimiento italiano.

05 de noviembre de 2023
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  • La sala secreta de Miguel Ángel

Por Lina María Múnera Gutiérrez - muneralina66@gmail.com

¿Por qué se representa la belleza si no se va a compartir? Esa pregunta surge cuando se contemplan los dibujos en cavernas prehistóricas donde hombres y mujeres, alumbrados con antorchas, decidieron ponerse a pintar hace más de 30.000 años. Y vuelve a surgir ahora, a punto de abrir al público la posibilidad de visitar un compartimento secreto de las capillas de los Medici en Florencia, donde en 1975 se descubrieron dibujos hechos con carboncillo y sanguina atribuidos a un genio llamado Miguel Ángel Buonarroti.

Esta pequeña sala de 10 metros de longitud, 3 metros de ancho y 2,5 metros de altura le sirvió de refugio a Miguel Ángel durante tres meses del año 1530 mientras se aplacaba la ira de unos de sus más importantes clientes, el papa Clemente VII, miembro de esa poderosa e intrigante familia florentina con quienes mantuvo una relación más que complicada.

Confinado en ese espacio reducido, seguramente preocupado por obras que ha tenido que interrumpir en ese momento y sintiendo que el tiempo pasa lentamente, un artista como él se pone a pintar por el mero placer estético. No hay otra razón. Con trazos firmes, como solo un maestro puede darlos, pinta cuerpos en movimiento, rostros llenos de expresividad, garabatos que, de un solo vistazo, evocan anatomías como las de el “David” o el “Moisés”. Es más, se dice que es visible la pintura de un hombre que parece el “Laocoonte”, un conjunto escultórico heleno descubierto en Roma que marcó al artista, no sólo porque estuvo presente en el momento del hallazgo, sino por su impresionante belleza.

El historiador Paolo Dal Poggetto, quien descubrió esta cámara secreta, tiene la teoría de que Miguel Ángel la usó no una sino varias veces debido a las persecuciones que el artista sufrió en el siglo XVI. Porque no se concibe la obra de este artista sin los Medici, ese linaje de banqueros y mecenas que definió el renacimiento italiano. Ellos lo apoyaron y educaron desde que tenía trece años, pero también le hicieron sentir que todo se los debía. Como cuando Clemente VII consideró que el maestro lo había traicionado después de trabajar para los rivales de su dinastía durante su exilio entre 1527 y 1530.

Cuando finalmente consiguió el perdón, Miguel Ángel pudo salir de la sala secreta y volver a trabajar en Florencia, hasta que en 1534 la abandonó para asentarse en Roma, donde entre otras muchas obras maravillosas dejó para la posteridad nada más y nada menos que los frescos de la Capilla Sixtina.

El próximo 15 de noviembre, el público en general - mortales corrientes a los que solo les queda contemplar la magia de un genio - podrá visitar por primera vez ese escondite fascinante que invita a imaginar historias. Una mano firme y madura que no puede parar de dibujar. Una necesidad de expresar la belleza que se ha quedado grabada en la memoria. La pulsión incontrolable del artista que sale a flote y le permite sobrevivir sin importar la circunstancia. Hace 30.000 años, cinco siglos o ahora mismo.

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