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Columnistas | PUBLICADO EL 01 mayo 2021

La revolución cubana, ¿para qué?

Por Eduardo Durán Gómez

Ahora que se cumplieron los 62 años de la revolución cubana, bueno sería preguntarnos hasta dónde ha habido tal, en el sentido de examinar el significado del término y su alcance.

Según la Real Academia Española (RAE) revolución significa “cambio profundo, generalmente violento, en las estructuras políticas y socioeconómicas de una comunidad nacional”. En esta identidad, es claro que la hubo, pues se dan las condiciones del significado. Pero cabe ahora una pregunta: ¿el objetivo de esa revolución era mejorar las condiciones de la población, o empeorarlas?

Desde luego que la población que patrocinó esa propuesta aspiraba a mejorar radicalmente sus condiciones de vida y estimular las oportunidades como nación para hacerse más libres, participativos y con mayores oportunidades de progreso.

Pero desgraciadamente el modelo fracasó desde el comienzo, pues no se trataba de un esquema especialmente evaluado para la situación de la isla y sus habitantes, sino de un programa importado de la Unión Soviética, que con el tiempo comprobó su fracaso y terminó abandonando su filosofía.

Sin embargo, Cuba no quiso reconocer ese nuevo estado de cosas y se aferró a su modelo impuesto de totalitarismo de Estado, en donde ha exhibido un gobierno de 62 años dirigido por una sola familia: los Castro, y con ellos el desastre económico más lamentable que pueda exhibir como modelo político. El nuevo regente, el señor Miguel Díaz-Canel se ha adelantado a decir que todas las decisiones fundamentales seguirán siendo consultadas con Castro.

Surgió una revolución contra un totalitarismo de Estado, y se impuso otra peor, en donde los ciudadanos han padecido los rigores no solo de una extrema pobreza, sino la ausencia total de libertades y la imposibilidad absoluta siquiera para opinar, pues el esquema lo reduce todo a que lo que se hace es decidido por la revolución y punto. El que se oponga a los dictados impuestos, de inmediato se le descalifica diciendo que es un traidor a esa revolución, y la consecuencia inmediata es su persecución.

Revolución la que planteó China, que habiendo adoptado el modelo comunista, se dio cuenta de que bajo esos dictados sus habitantes estaban cada vez más agobiados y disminuidos, y hace 40 años tomó la decisión de abrirse al mundo y de fortalecer la economía, de mano de la iniciativa privada, y en ese periodo de cuatro décadas ha podido sacar de la pobreza a 800 millones de personas, y actualmente ese país representa a la segunda economía del mundo, con avances absolutamente insospechados y muy por encima de muchos países desarrollados.

Cuando Fidel Castro iba a morir, dejó establecido que en su tumba sólo colocaran una piedra, con una simple leyenda: Fidel. Entiendo su melancólica decisión. Si se hubiera colocado una estatua, estaría muy próxima a derribarse. (Colprensa)

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