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Hay tanta libertad que se tolera la acción de insultólogos mediáticos de oficio, de injuriadores y calumniadores, de difamadores aplaudidos por audiencias masivas.
Por Juan José García Posada - juanjogp@une.net.co
La libertad, incluidas las de opinión y de prensa, nace y se reproduce en este país de modo silvestre, casi salvaje. Por supuesto que se mantiene amenazada, que hay amagos y avisos de censura, que las fuerzas antiinstitucionales la recortan. Pero hay libertad. Es una belleza natural desperdiciada, como el agua, el aire, la flora y la fauna. Suele ignorarse qué, por qué y para qué se necesita la libertad. Hay tanta libertad que se tolera la acción de insultólogos mediáticos de oficio, de injuriadores y calumniadores, de difamadores aplaudidos por audiencias masivas, y amansadas y amasadas, que nada saben de respeto a la dignidad, la honra y el buen nombre de contradictores acorralados.
En reciente diálogo con varios colegas y en un prestigioso teleprograma local de opinión respondí que sí hay libertad. Tal vez más de uno estaba en desacuerdo. Pero aquí, al amparo de las redes antisociales, cualquiera puede agredir al que sea. Por ejemplo, muchas veces hasta se agravia con memes y videos al despistado señor Petro por sus barrabasadas, o a mandatarios municipales y seudolíderes políticos inaceptables y aborrecibles por descarados. Ellos y sus inocentes mamás también merecen respeto, por más repulsivos que sean. El abuso de la libertad es una enfermedad crónica de las llamadas democracias, que no se permite en las tiranías.
Aristóteles aportó una definición irrebatible de libertad en su Ética nicomaquea: “Libertad es la facultad de hacer lo que debe hacerse”. Insisto en que le infundió a la libertad una razón de ser, un contenido, una finalidad éticos. De ahí se ha desprendido a lo largo de la historia la idea de libertad con responsabilidad. Lo dije en el programa Cuartillas, del Círculo de Periodistas de Antioquia, en la sección de Ética a mi cargo: “Sin embargo, nos hemos limitado a considerar que sólo se trata de una responsabilidad circunscrita a los deberes de responder por lo publicado, dar la cara, asumir las consecuencias. Y esto es válido, por supuesto, pero es incompleto. Es preciso ampliar el espectro de la responsabilidad y hablar de responsabilidad social, compartida con las demás profesiones y actividades humanas y sociales”.
¿Y qué implica esa precisión sobre la responsabilidad del periodista libre? Comporta dirigir el uso responsable de la libertad a fines de bien común, de conveniencia general, de modo que aceptemos el ejercicio del derecho con límites razonables, de tipos moral y ético, jurídico y de sentido común. Derecho que siempre entraña el deber de contribuir desde nuestra cultura profesional y, claro, desde la formación universitaria y gremial y las discusiones en las salas de redacción, a la construcción de un ecosistema social de mejor calidad. Responsabilidad que incluye pensar y actuar con coraje para frenar a tiempo cualquier tentativa o sugerencia oficial o privada, velada o manifiesta, del funcionario o del señorón o mandamás que sea, de conculcar el ejercicio libre y responsable del periodismo. Sin rodeos ni eufemismos, facultad de hacer lo que debe hacerse.