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Por Juan José Aramburo - opinion@elcolombiano.com.co
Durante décadas hablamos de descentralización como una promesa. Hoy empieza a convertirse en realidad. El anuncio del presidente electo Abelardo de la Espriella de establecer sedes alternas de la Presidencia en Medellín y Barranquilla, junto con el traslado de la sede principal de ProColombia a Medellín, representa más que un cambio administrativo. Marca el inicio de una visión distinta sobre cómo debe gobernarse y competir Colombia.
La descentralización no es una concesión a las regiones. Es una estrategia para que Colombia compita mejor. Quienes realmente compiten son las ciudades y las regiones. Compiten por atraer inversión, talento, turismo, grandes eventos y empresas. Las naciones que entienden esa realidad fortalecen los territorios que han construido ventajas competitivas y convierten esas fortalezas en una estrategia nacional.
Pocas ciudades ilustran mejor esa idea que Medellín. Hoy se ha consolidado como uno de los destinos urbanos internacionales más dinámicos de América Latina. El crecimiento del turismo internacional, la expansión de su conectividad aérea y la llegada de nuevas marcas hoteleras de talla mundial reflejan la confianza que inspira. Nada de esto ocurre por casualidad. Es el resultado de años de trabajo conjunto entre el sector público y el privado, y del liderazgo que ha ejercido la administración de Federico Gutiérrez para recuperar la credibilidad, fortalecer la promoción internacional y consolidar a Medellín como un destino atractivo para vivir, invertir y visitar.
Creo que el traslado de ProColombia puede convertirse en la decisión más estratégica de todo este proceso. Incluso más trascendental que las propias sedes alternas de la Presidencia. Una sede presidencial acerca institucionalmente al Gobierno a las regiones; ProColombia acerca todos los días a Colombia al mundo. Representa la estrategia de promoción internacional del país. Desde allí se impulsa la inversión extranjera, las exportaciones, el turismo y la construcción de una marca Colombia cada vez más fuerte. Tener su sede en Medellín significa conectar esa misión con uno de los ecosistemas donde hoy convergen innovación, emprendimiento, turismo y negocios. Más que un premio para Medellín, es una decisión inteligente para Colombia.
Hay una objeción legítima: mover una sede no es descentralizar. Quien lo afirma tiene parte de razón. Un traslado mal ejecutado puede significar pérdida de talento, memoria institucional y cercanía con ministerios y misiones diplomáticas. La descentralización de fondo —fiscal, institucional y de capacidades en territorios— es una tarea de años que ninguna mudanza resuelve. Pero esa objeción, llevada al extremo, condena al país a no empezar nunca. Donde una entidad trabaja todos los días determina con qué realidad conversa, a qué empresarios escucha sin necesidad de agenda y qué oportunidades conoce de primera mano. Eso no es simbolismo. Es criterio.
Medellín conoce riesgos del turismo cuando pierde el rumbo. La explotación sexual, el turismo depredador y alertas emitidas por algunos gobiernos son realidades que no pueden ignorarse. Debemos apostar por el turismo que más valor genera: reuniones y eventos (MICE), salud, gastronomía y naturaleza. Son segmentos que generan empleo de calidad, aumentan el gasto por visitante y fortalecen la reputación internacional. No significa que Medellín sea la única protagonista. Barranquilla seguirá siendo referente logístico y portuario. Bogotá, el centro político, financiero y empresarial.
Vale la pena reconocer al presidente electo y al vicepresidente electo por impulsar esta visión. Durante décadas Colombia habló de acercar el Estado a las regiones y se quedó en el discurso; empezar a convertir esa idea en compromisos merece reconocimiento. Un líder que cumple lo que promete deja de actuar como un político y empieza a comportarse como un patriota.
Después vendrá lo difícil: demostrar con resultados que esta apuesta tenía sentido. El futuro de Colombia no se construye concentrando oportunidades, sino conectando talento y capacidades de todas sus regiones. La descentralización también compite.