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La democracia fatigada

Al fracaso de la paz total petrista, el que califica De la Calle como “estrepitoso”, habría que sumarle el fallido experimento de la paz santista.

hace 1 hora
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  • La democracia fatigada

Por Alberto Velásquez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co

En reciente comentario a su libro “La democracia fatigada”, sostiene Humberto de la Calle que Abelardo de la Espriella no ganó porque el país estuviera satisfecho con la vieja Colombia. Lo hizo porque la nueva Colombia prometida –e incendiada– por el petrismo “no logró volverse realidad”.

Y no le falta razón al exvicepresidente liberal. Porque pocos colombianos están satisfechos con la vieja Colombia, y no desean regresar a gobiernos que desde la época de la “Patria Boba” poco hicieron por el hombre colombiano, al que le retrasaron la hora del progreso por estar dedicados al arte del gamonalismo, a urdir pactos para enfriar el salto al desarrollo y a la justicia social, a despertar querellas por su condición, más de monarcas que de símbolos de unidad nacional. Hay que reconocer, sí, que la inmensa mayoría de los presidentes no cayeron tan bajo como el anterior inquilino de la casa presidencial, ni propiciaron los escándalos de corrupción que salieron de la permanente guachafita en que el petrismo convirtió la Casa de Nariño. Pero también fueron pocos los mandatarios que la historia reconoce como verdaderos transformadores nacionales.

Dice De la Calle que Colombia “sigue siendo una sociedad atravesada por una desigualdad superlativa y resiliente, por rupturas sociales muy hondas, regiones abandonadas, una justicia insuficiente e ineficiente, por culturas de desprecio”. Por una justicia morosa, paquidérmica, en donde los juicios llevan paso de tortuga y la prescripción es el arma preferida de los jueces morosos para despachar los procesos a mejor vida. Una Colombia que cada cuatro años elige presidente creyendo que ya el progreso llegará, que hay un país fresco y rejuvenecido, para luego caer en la más melancólica de las decepciones. Que ingenuamente supone que depositando su voto en las urnas los males desaparecen como por encanto, y la fragilidad institucional encuentra su reconstituyente para hacer desaparecer todas las flaquezas como “la corrupción, las violencias y las economías ilegales”.

Al fracaso de la paz total petrista, el que califica De la Calle como “estrepitoso”, habría que sumarle el fallido experimento de la paz santista. Una paz que, con la ingenuidad de la contraparte opositora, sacrificó tantos valores éticos para poder llevar al Congreso a quienes son directos responsables de secuestros, violaciones de menores, torturas, “castigados” con penas tan benévolas que dan ganas de llorar. Esa sociedad, según De la Calle, concluyó que “Petro y su continuación serían excesivos”, que está perpleja con “el desprestigio de una clase política que se desliza hacia el desprestigio de la institucionalidad”. Una institucionalidad impotente o indiferente para enfrentar tanta corrupción, la que, según De la Calle, “sigue allí, como sigue el peso de la violencia y de las economías ilegales”.

P.D.: Cómo estará de desacreditada la JEP que hasta uno de los padres del Acuerdo santista con las Farc, el mismo De la Calle, ha dicho que “me parece que ella se ha tomado demasiado tiempo y hay una impresión de que ha crecido burocráticamente. Ha generado una serie de requisitos que no existían”, y que no está de acuerdo en prorrogar su vigencia.

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