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Domingo 6 de Abril de 2025
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Columnistas | PUBLICADO EL 09 noviembre 2021

La cumbre del clima en Glasgow y los más poderosos

Por Francisco Cortés rodasfranciscocortes2007@gmail.com

RCN, Caracol, Semana y otros medios han informado en estos días, desde la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26), en Glasgow (Reino Unido), que el presidente Duque se ha proyectado como un líder ambiental. Y destacan su propuesta “la Estrategia Climática de Largo Plazo de Colombia, E2050”, construida en los últimos meses a la velocidad de “ejercicios de prospectiva”, la cual comprende puntos como “la ruta para ser carbono neutro a 2050”, “declarar el 30 % del territorio colombiano bajo alguna figura de protección para 2022”.

Lo que no muestran los noticieros es que el presidente Duque muestra ante las instituciones del orden internacional programas y datos que no corresponden con la realidad. Sobre la defensa de los bosques, prometió en Glasgow proteger el 30 % del territorio para frenar la pérdida de biodiversidad. Pero los líderes de la COP26, que tanto lo aplaudieron —a pesar de que no lo han oído cantar—, desconocen que en la Amazonía colombiana se destruyeron en 2020 171.685 hectáreas de bosque.

En la declaración de los líderes del COP26 también se incluye el compromiso de “combatir los delitos contra el medio ambiente, como la extracción ilegal de madera, la minería ilegal”. El Gobierno de Duque, sin embargo, ha reducido el presupuesto del Ministerio del Medio Ambiente, ha hecho la vista gorda ante la minería ilegal, muy poco ante el robo de las tierras deforestadas, permitió el desarrollo de un proyecto piloto de fracking y Colombia es uno de los países más letales para los ambientalistas, con 65 asesinatos en 2020. ¿De qué habla el presidente cuando dice que Colombia se convertirá en la nación más resiliente y adaptada al cambio climático?

Hay una gran incoherencia entre lo que dice ante la comunidad internacional y cómo actúa internamente. Incoherencia que, en últimas, está al servicio del fortalecimiento del poder empresarial, de eludir la responsabilidad de quienes han producido más contaminación e impiden así una transición hacia una sociedad más justa y equitativa en términos ambientales.

Pero el problema climático es más complicado de lo que piensa Duque. En las sociedades capitalistas industrializadas hay dos líneas de desarrollo que se han cruzado: por un lado, el crecimiento económico rápido y permanente; por el otro, el consumo acelerado de energía y recursos que ha producido altas emisiones de CO2, que son perjudiciales para el clima y que amenazan con mucha destrucción. Por esto, el tipo de crecimiento basado en energías fósiles debe ser reemplazado progresivamente. No es cuestión de adaptarse al cambio climático, como dice Duque bobamente. La economía mundial debe descarbonizarse a más tardar en 2050, pues, de lo contrario, habrá grandes catástrofes. La estrategia carbón neutral del presidente es insuficiente, conduce a la inacción climática y mantiene la producción de combustibles fósiles. La visión de Duque nos lleva al abismo. Yo quisiera vivir en un sociedad ecológicamente sostenible y socialmente justa, en la que se respeten los derechos humanos, una sociedad sin explotación, sin exclusión social, sin destrucción del medio ambiente y sin políticos selfie narcisistas 

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