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Columnistas | PUBLICADO EL 24 septiembre 2021

La cuadratura del círculo

Por AGOSTINHO ALMEIDA@agos_almeida

La cuadratura del círculo es una metáfora utilizada para describir una tarea sin solución o un problema sin respuesta. En la humanidad, ha existido una larga discusión sobre lo que significa perseguir lo absurdo y lo imposible. Esas tareas inimaginables y esfuerzos casi hercúleos, que parecen irresolubles. La ciencia, la tecnología y la innovación pueden estar a nuestro lado y, sin embargo, lo inalcanzable, esa naturaleza subyacente de la imposibilidad como que nos persigue y nos empuja para adelante y nos hace querer atravesar las fronteras del conocimiento. Esto hace, sin duda alguna, parte de la naturaleza humana, algo que nos separa de otras especies. Pero también creo que es un sentido que se ha desarrollado durante la evolución humana: la búsqueda del conocimiento para aumentar la probabilidad de supervivencia, longevidad y calidad de vida.

Por eso la gente suele decir que es tan importante enamorarse del problema y no de la solución: el problema está lleno de hechos y evidencias que nos permitiría entender qué desarrollar o crear; mientras la solución puede ser solo una imagen borrosa en el fondo de nuestras mentes. La innovación en sí misma es una acción clave y parte de la solución, un medio para lograr un fin; pero es el problema, la oportunidad o la necesidad que debe finalmente impulsarnos. Desafortunadamente, la innovación se ha vendido muchas veces como un faro brillante, en gran parte impulsada por las noticias sobre start-ups, los unicornios, las grandes inversiones de capital de emprendimiento y la tecnología emergente. También las llamativas business model canvas, los papelitos coloridos pegados en la pared, las metodologías ágiles y las estrategias de desarrollo de equipos de alto rendimiento. Por otro lado, ha existido una dicotomía, por veces sin sentido, entre la definición de la innovación incremental y disruptiva o la innovación deliberada y la serendipidad. Las organizaciones y ecosistemas han invertido demasiado tiempo en esa discusión, cuando realmente el esfuerzo debe estar en tener claridad del foco estratégico: es decir, definir qué se quiere lograr y cuál es nuestra misión.

No estoy diciendo que la innovación, y todo lo que le está adscrito, no sea importante. Es un elemento fundamental, no solo para la competitividad de las organizaciones y su vigencia futura sino también para resolver muchos de los problemas que enfrentamos hoy como organizaciones, ciudades o países. Hay datos y argumentos más que suficientes para comprobar su impacto y contribución decisiva para el crecimiento económico, el aumento de la inversión, la creación de empleo y la calidad de vida de las personas. Pero no deja de ser un medio para un fin que debe ser más que un simple atributo o proceso aislado, debiendo estar vinculado a la forma de pensar y trabajar.

Lo que somos hoy, como individuos y sociedad, es un reflejo de la curiosidad e insatisfacción constante que tenemos y en que la innovación y sus diferentes formas se vuelven tan importantes: la incansable búsqueda de la solución a problemas aparentemente sin respuesta, esa famosa cuadratura del círculo. Pero, en las palabras de MC Escher, “solo aquellos que intentan lo absurdo lograrán lo imposible”

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