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Vaya valla

Esta semana mi hija Lucía de 10 años me preguntó qué significaba que «El Estado no somos todos». Me alegré al ver tu mensaje calando en todos los niveles de entendimiento.

hace 1 hora
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  • Vaya valla

Por Juan Mario Giraldo Riascos - @juanmgiraldor

Hace un mes apareció en la vía Las Palmas, bajando hacia Medellín, una misteriosa valla con una reflexión política que muchos han considerado una bala de cañón. Razón no les falta. Frente a ella circulan cada día cerca de 40.000 vehículos con un número variable de pasajeros que, atrapados en el trancón, no tienen más alternativa que levantar la mirada y toparse no con un champú o un proyecto inmobiliario, sino con una provocación metafísica sobre el poder. Al mejor estilo de La Rebelión de Atlas, un rectángulo anaranjado dice en letras negras: «El Estado NO somos todos». La frase puede parecer inofensiva, incluso un poco abstracta. Pero las ideas políticas solo parecen abstractas hasta que alguien comete la imprudencia de tomárselas en serio.

Yo me pregunto: ¿Nos hemos detenido a pensar las consecuencias de esta frase? ¿Qué pasaría si la idea se extendiera de manera generalizada? ¿Qué pasaría con la actitud hacia los impuestos, el respeto a los políticos y el deber constitucional de buscar la igualdad? Un lector escéptico podría decir que no pasa nada, que no hay por qué caer en el alarmismo por un mensaje a borde de carretera. Al fin y al cabo, vallas hemos visto siempre y en todos los países. Tendría razón si el asunto terminara allí, pero este caso es diferente, pues el anuncio invita a “saber más” ofreciendo un enlace a un blog titulado No pido permiso, donde hay un texto completo para desarrollar la idea. Me tomé el trabajo de entrar y efectivamente este globo está volando más lejos de lo que parece a simple vista. El artículo, que combina populismo ilustrado con individualismo moralizante, logra despertar reacciones favorables entre sus lectores. En los comentarios, una señora de nombre Olga le dice al autor:

“Esta semana en el taco matutino de Las Palmas, al estar frente a tu valla, mi hija Lucía de 10 años me preguntó qué significaba que «El Estado no somos todos». Entendí y me alegré al ver que tu mensaje está causando efecto y calando en todos los niveles de entendimiento. ¡Felicitaciones!”

Confieso que fue ese comentario el que me quitó el sueño. Uno puede tolerar que un adulto con hipoteca y declaración de renta cultive resentimientos contra el Estado y los políticos. Pero ¿Una niña? No me parece prudente que como sociedad ignoremos las conversaciones que suceden en nuestro espacio público. Y menos cuando estas buscan dividir a la sociedad en grupos enfrentados. Si el Estado no somos todos ¿A quién le estamos pagando impuestos? Si el Estado no somos todos ¿Unos viven del esfuerzo propio y otros del esfuerzo ajeno? Si el Estado no somos todos ¿Mañana los impuestos serán un robo? Habrá quienes digan que la democracia necesita todo tipo de conversaciones, pero en este caso me aparto y pienso diferente.

No propongo una policía de la virtud, pero sí límites a lo que puede decirse en el espacio público. Una libertad de expresión responsable que no pueda invocarse como comodín para atentar contra la democracia misma. Sin regulaciones en favor del bien común corremos el riesgo de tener que soportar, como nos está sucediendo aquí, el derroche pedagógico de un capitalista desocupado. Nada más peligroso que un rico gastando plata sin pedir permiso. Este caso merece vigilancia. Vaya valla..

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