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Por Juan Manuel Cifuentes Hernández - opinion@elcolombiano.com.co
Este 31 de mayo no es un día cualquiera. Es una fecha que nos pone frente al espejo como generación y nos obliga a preguntarnos qué país queremos. Colombia no se construye sola. La construimos nosotros, con nuestras decisiones, con nuestra participación y, sobre todo, con nuestro voto.
Es la hora de nuestra generación. No como una frase bonita para redes sociales, sino como una responsabilidad histórica. Somos jóvenes que crecimos escuchando historias de violencia, de miedo y de un país que durante años parecía condenado a dividirse y a matarse. Pero también somos la generación que heredó una democracia que costó demasiado construir. Por eso debemos defenderla.
La Constitución de 1991 nació en uno de los momentos más difíciles de Colombia y fue impulsada por estudiantes y jóvenes que entendieron que el país no podía seguir resolviendo sus diferencias con violencia. Ellos se atrevieron a participar cuando muchos preferían callar. Hoy nos toca a nosotros hacer lo mismo.
Porque votar sí importa. Votar es decidir quién toma las decisiones sobre nuestra educación, nuestra seguridad, nuestras oportunidades y futuro. Votar es demostrar que Colombia no les pertenece a los violentos, ni a los corruptos, ni a quienes quieren sembrar odio. Colombia pertenece a quienes todavía creemos en un país mejor.
A veces sentimos que la política está lejos de nosotros. Pero está en todo: en el costo de la universidad, en la posibilidad de conseguir un empleo, en la seguridad de nuestras familias y en las oportunidades que tendremos como jóvenes. No podemos quedarnos de brazos cruzados ni vivir desde la indiferencia. El peor error de una generación no es pensar distinto. Es dejar de participar y de creer en un país mejor.
Yo este 31 de mayo voy a votar por primera vez. Voy a levantarme temprano, iré a misa con mi abuela a pedir por el futuro de Colombia y luego iré a cumplirle a mi país. Porque votar no es un trámite cualquiera. Es decir: “me importa Colombia, me importa mi futuro”.
Y esa es la invitación a los jóvenes y a todos los colombianos: salgan a votar. Háganlo con conciencia, con criterio y pensando en el país que queremos construir. No dejemos que otros decidan por nosotros. No quiero abandonar el país que me vio nacer y me ha dado todo. Quiero quedarme, aportar y ayudar a construir una Colombia más fuerte, libre y tranquila.
No podemos cometer el error que años atrás cometieron muchos jóvenes en nuestro país vecino, Venezuela, eligiendo un modelo fracasado que convirtió al país más rico del continente en una nación sumida en la pobreza, el miedo y en una horrenda dictadura. Las malas decisiones también destruyen países.
Por eso votar bien importa. Nos estamos jugando el futuro de Colombia, nuestra democracia, nuestras libertades y nuestro estilo de vida. Si queremos democracia, votemos por Paloma. Si queremos dictadura, voten por Cepeda. Si queremos progreso, votemos por Paloma. Si queremos retroceso, voten por Cepeda. Es democracia o incertidumbre. Es libertad o retroceso.