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Viva la radio por la voz

hace 2 horas
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  • Viva la radio por la voz
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Por Juan José García Posada - juanjogarpos@gmail.com

En estos días y noches de soledad acompañada por el ruido ambiental de la clínica, las emisoras de siempre, del país y del mundo, nos libran de la algarabía mundialista y nos mantienen en el punto de equilibrio acústico recomendable para no perder momentos de paz y tranquilidad. Cómo no preferir< Onda Cero, de la entrañable Salamanca y sus lúcidas tertulias sobre lo humano y lo divino, o Radio Bolivariana, universidad del aire, con sus jornadas formativas de sábados y domingos, en las que se habla de la ciudad y la ética, y también, de historia del arte, de libros y de astronomía. Y no por todo esto, se crea que soy enemigo del fútbol y del Mundial, o del espectáculo.

Es verdad que la radio ha ganado en una carrera tremenda por el poder, la ampliación de cobertura y la conquista de inmensas audiencias. La tecnología ha respaldado, ha dinamizado, ese crecimiento que no se alcanzaba siquiera a vaticinar en tiempos de Marconi. La imaginación y la buena suerte de entonces, hicieron creer que el invento no necesitaba ajustes, sobre todo, del tamaño de los que se han verificado a lo largo de casi dos siglos. La voz humana se constituyó en la nueva reina del espacio. Pasaron varios decenios y la música fue enseñoreándose del naciente medio. Voces potentes, claras, amistosas, agradables y familiares, se elevaron a la categoría de símbolos y condiciones ineludibles de la radio. De la afición por la voz pasamos a la devoción, en especial en el decenio de los cincuenta. Los que nacimos casados con un receptor, no lo abandonamos ni por una sola hora, así como sostenemos una fidelidad incancelable por ese universo de palabras y sonidos que nos formaron en una nueva cultura.

Sin embargo, vinieron tiempos de avance técnico, competencia por el mercado publicitario y variadas formas de atracción al público. Hoy se menosprecian la difusión literaria y musical, los nuevos hallazgos de la ciencia, la simpatía por el drama, la novela y el cuento y las vidas de personajes. Predomina el bullicio, como sucede en estas jornadas que a veces nos hacen renegar del fútbol, por una exagerada, alucinante simpatía por la estridencia y, además, se desvirtúa la verdadera razón de ser del medio radiofónico. Primero debería seguir estando la voz. Lo demás es adorno. La equivocada tendencia a competir con la televisión por medio de la imagen, le hace perder encanto al buen uso de la imaginación para indagar qué hay detrás de un micrófono, quién es el que habla e imaginar que la locutora es una mujer muy hermosa, cuando puede suceder que se trate de un moscorrofio.

Desde mi infancia he sido radioescucha y he experimentado lo antedicho con sorpresas desagradables, pero que comprueban que si la radio se despoja de su principal condición, de la voz humana, dejará de ser lo que ha sido desde sus comienzos y se convertirá en medio secundario, privado de la capacidad de sostener su propio atractivo. La voz, exaltada por el embrujo del micrófono, es cualidad insustituible de la radio para quienes la hemos querido sin claudicaciones. Si se hace tanta insistencia en la compañía radiofónica, hay que ser consecuentes y no convertir esa amistosa relación en factor de frustración y mal gusto. La razón de ser de la radio está en la voz humana.

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