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El malestar informativo

En el ambiente hay una sensación de alivio, de tranquilidad, de confianza en el poder organizativo de las instituciones.

hace 1 hora
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Por Juan José García Posada - juanjogarpos@gmail.com

Nos llegó la hora de hacer fuerza de la buena, para entrar en una etapa de la vida en la que estemos preparados para afrontar las inmensas posibilidades de superar el malestar habitual causado por las noticias perturbadoras y saltar a un estado de bienestar colectivo, gracias a los hechos políticos y sociales que alientan el optimismo. El cambio de régimen tiene que ser saludable. Por lo menos se nota en el ambiente. Por supuesto que subsisten factores de perturbación, generados por espíritus malévolos infaltables. Pero por fin, las buenas noticias están ganándoles la carrera a las malas. En el ambiente hay una sensación de alivio, de tranquilidad, de confianza en el poder organizativo de las instituciones.

La relación entre las malas noticias y el estado anímico de la población, es de una evidencia incontrastable. Hay numerosos estudios serios que lo demuestran. Lo malo de todo está en que nos inclinemos a pensar que eso no es así, y no aceptemos que la exposición a un ecosistema informativo contaminado nos cause malestar creciente. Menos noticias malas y aterradoras, mejor control de nuestro tiempo, pueden ocasionar consecuencias saludables en las que no solemos pensar, porque descuidamos la salud, en especial la salud mental, con la falsa idea de estar mejor informados, que no es igual a estar bien informados. Muchísimos colombianos desdeñamos este problema, en la creencia equivocada de que somos dueños de un universo informativo que nos resulta dañino.

Cada cual puede hablar de su propia experiencia. En mi caso, llevo la marca de mi reciente situación personal. Estoy convaleciendo de los rigores de haber permanecido mes y medio confinado en una unidad de cuidados intensivos. Tengo la certidumbre de que al principio de ese período experimenté la cercanía de la muerte y la separación del cuerpo y el alma, de la que han escrito personajes tan respetables como los médicos Manuel Sanz Segarra y Brian Weiss. Durante largas noches estuve delirando y, para colmo, en el televisor de la habitación sólo salían mensajes perturbadores, nada menos en pleno mundial de fútbol. Gracias a los ángeles de la guarda del Hospital San Juan de Dios de Armenia y, por supuesto, a la Divina Providencia, ahora puedo escribir estas notas testimoniales, sobre todo para concluir como periodista que es un gravísimo error ignorar o subestimar la salud mental.

Mucha gente piensa que no vale la pena ocuparse de ese asunto esencial en la vida. Uno de los estudios aludidos, de la Universidad de Washington, recomienda dedicarles menos tiempo a las malas noticias y optar por temas agradables, positivos, que estimulan el surgimiento de nuevas redes neuronales. También, incrementar la interacción social y la actividad física, o visitar nuevos lugares. El tema de la salud no debe limitarse a la atención hospitalaria, el suministro de medicamentos o la financiación de los servicios, de hecho importante. Es urgente un replanteamiento desde el sistema educativo y desde los medios de comunicación. Así, la sensación de optimismo que nos invade hoy con el cambio de gobierno, no se vuelve algo ilusorio y superamos los impactos del malestar informativo.

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