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Por Juan José Aramburo De Bedout - opinión@elcolombiano.com.co

Una oportunidad puede acortar diez generaciones

hace 1 hora
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  • Una oportunidad puede acortar diez generaciones
  • Una oportunidad puede acortar diez generaciones

Por Juan José Aramburo De Bedout - opinión@elcolombiano.com.co

En Colombia hablamos mucho de talento. Decimos que somos creativos, resilientes y trabajadores. Y es cierto. Pero hay una verdad más incómoda: el talento, sin oportunidades reales, se convierte en una promesa que no alcanza a cumplirse.

En nuestro país, nacer en el lugar equivocado, en el barrio equivocado o en la familia equivocada puede marcar una trayectoria durante generaciones. No por falta de capacidad, sino por falta de acceso. Acceso a educación pertinente. Acceso a habilidades que el mercado valora. Acceso a una primera puerta que se abra.

Por eso, cuando se habla de programas para impactar a decenas de miles de jóvenes, como el objetivo de llegar a más de 50.000, la conversación no debería ser solo presupuestal o política. Debería ser profundamente humana. Porque detrás de cada cifra hay una vida que puede cambiar de trayectoria.

Conocí recientemente la historia de Pedro*. Es una historia real. Pedro estudió becado desarrollo de software y habilidades para la vida durante diez meses en Riwi. Antes de eso, trabajaba como auxiliar de aseo. Para poder sostenerse mientras estudiaba, empezó también a hornear y vender pan. No por espíritu emprendedor, sino para no desertar. Para poder quedarse. Para no rendirse.

Terminó su formación. Consiguió su primer empleo como desarrollador de software para una empresa de Estados Unidos. Un año después, hoy es desarrollador senior en otra empresa del mismo país. Gana un salario significativo en miles de dólares.

Para muchos, laa cifra es solo un número. Para Pedro, representa algo mucho más profundo: estabilidad, dignidad y movilidad social real. Representa romper una inercia que, en muchas familias colombianas, toma cinco, ocho o incluso diez generaciones en cambiar.

Hace poco, su primer empleador nos escribió, molesto. Diciendo que a Pedro se lo habían “robado” con un pago increíble. Nuestra respuesta fue simple: no se lo robaron. Pedro creció.

Y ahí está el punto de fondo. Una sociedad que realmente cree en la movilidad social no puede medir el éxito por cuánto talento logra retener barato. Debe medirlo por cuántas personas logra catapultar a su máximo potencial.

Hoy, en Riwi, ya se acercan a los 1.000 graduados. Es un número importante. Pero no es suficiente. No para Medellín. No para Colombia. La conversación no puede quedarse en una sola institución. La meta país no deberían ser miles. Deberían ser decenas de miles. Cincuenta mil. Cien mil. Un millón de jóvenes formados en habilidades que generen ingresos reales y sostenibles.

No todos tienen que ser ingenieros, médicos o abogados. No todos van a poder ni querer estudiar diez años. Un país que solo valora títulos largos y tradicionales deja por fuera a millones. En cambio, un país que también valora oficios, habilidades técnicas, tecnología y formación práctica es un país que fortalece su clase media, acelera su movilidad social y se conecta con la economía real del siglo XXI.

La historia de Pedro no es una historia de tecnología. Es una historia de oportunidades. Una historia que demuestra que cuando el esfuerzo se encuentra con una oportunidad real, el salto social puede ser inmediato. No en diez generaciones. En una. Pedro es solo el nombre código para proteger su identidad.

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Por Juan José Aramburo De Bedout - opinión@elcolombiano.com.co

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