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Cuando a las cosas no se les llama por su nombre es por un interés de opacidad que pretende hacer ver todo como igual.
Por Juan David Escobar Valencia - opinion@elcolombiano.com.co
Algunos inversionistas en propiedad raíz y plataformas que se benefician de lo que mal se ha denominado “viviendas de renta corta” o “vivienda turística” (eufemismos y formas rebuscadas para no decir “hotelería”), hacen un lobby enorme para convencer al Concejo de Medellín, que este negocio puede ubicarse indiscriminadamente en cualquier parte de la ciudad y que los efectos adversos que conlleva en ocasiones, los resuelva la Policía, que intenta cumplir su responsabilidad prioritaria: garantizar la seguridad de los ciudadanos; y ojalá reducir al máximo la ola hedionda de narcotráfico y lavado de dinero que se percibe en la ciudad, porque trabajando honestamente no hay forma de tanta ostentación de dinero, vehículos y la siliconada estética traqueta.
Está en discusión una modificación al POT (Plan de Ordenamiento Territorial), y uno de los asuntos menos relevantes para el futuro de la ciudad es si las mal llamadas “viviendas turísticas” o de “renta corta”, deberían ubicarse en zonas específicas para ello, como propone la alcaldía, defendiendo los derechos de los ciudadanos que no quieren ver afectados sus hogares por los efectos negativos que ocasional pero no extrañamente vienen de la mano de algunos turistas, que no son más importantes que los residentes.
Nadie está en contra del turismo ni se pretende prohibir este tipo de alojamientos, de lo que algunos defensores de su ubicación indiscriminada acusan a sus contradictores (supuestamente liberticidas), argumentando sus intenciones con un estudio que no sobraría que dijeran públicamente ¿quién lo pagó?, y creyendo que nos convencerán de que lo que los trasnocha es el déficit de vivienda en la ciudad y no sus billeteras. Si de verdad les duele el déficit de vivienda, que es un problema con causas multifactoriales, ¿hasta qué punto deberíamos usar el poco suelo disponible de este pequeño cañón con aspiración de valle para construir viviendas que solo se ocupan cerca del 50% del tiempo? ¿No será eso un desperdicio de espacio y territorio?
Construyan edificios de “rentas cortas” para que los iguales en objetivos y responsabilidad colectiva estén entre iguales, pero no mezclen a quienes están de paso con residentes, porque “no son lo mismo”. “Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar” es un principio de la “Metodología 5S” que tan efectivamente convirtió a Toyota en referente de funcionamiento de una organización productiva, que no es una entidad tan distinta de una ciudad.
Cuando a las cosas no se les llama por su nombre es por un interés de opacidad que pretende hacer ver todo igual. Hay cosas que solo son viables estando juntas, “pero no revueltas”, así les cambien de nombre para que parezca que son lo mismo. Si aceptamos que “vivienda turística” es lo mismo que “vivienda” porque la única diferencia es que su ocupación solo dura unos días, entonces ¿también clasifica como “vivienda” un “prostíbulo” porque la permanencia es solo de horas? ¿Le gustaría que el apartamento vecino se vuelva un prostíbulo? Ni a los hoteles que empiezan por “H” les gusta que los confundan y revuelvan con los alojamientos que empiezan con “M”.
Sabiamente el escudo de nuestro país dice: “Libertad y Orden”, y el “orden” existe para que la “amada libertad” no se vuelva libertinaje.