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Presidencia “chatarra”

hace 2 horas
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  • Presidencia “chatarra”
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Por Juan David Escobar Valencia - opinion@elcolombiano.com.co

En el idioma inglés la palabra “chatarra” puede traducirse como “scrap” o “junk”, aunque junk es la base para “junky” que significa drogadicto, pero no vamos a hablar de eso, aunque se podría.

La semana pasada, el jefe de la tribu marxista, cleptómana y resentida que desgobierna a este país y espera perpetuarse en las próximas elecciones con un marxista más peligroso que el actual, usó el término “chatarra” para huir cobardemente de sus responsabilidades como comandante supremo de las Fuerzas Militares, a las que odia desde que era joven y ahora humilla y pone en riesgo diariamente. Aunque su actitud indigna al país y pone en peligro el honor y vida de los soldados que ofrecen su vida para cuidar la nuestra, no deben sorprendernos sus acciones y expresiones, pues de la ruindad solo puede esperarse lo peor.

Ni siquiera un experto en “chatarra” como el alucinado marxista, (que no tiene autoridad para ser el presidente de Colombia pues su campaña violó los límites de financiación y nunca debió posesionarse), que mientras fungió de alcalde de Bogotá compró 78 mil millones de chatarra motorizada para recoger basura aunque realmente terminó aumentándola, no debería calificar cosas que su reducida capacidad neuronal y cognitiva le impide. Lo peligroso del sujeto no solo es que piense poquito, sino que piensa mal. Si algo puede calificarse como chatarra o basura, no son los pocos aviones con que cuenta la Fuerza Aérea Colombiana, sino la forma de “pensamiento” de quien ilícitamente ostenta la presidencia.

El “pensamiento chatarra” es una manifestación de desorden mental resultante de una mezcla peligrosa de exceso de información inútil y errónea, (la que abunda entre los adictos a las redes sociales), pensamientos negativos, incoherencia, bajísima capacidad de concentración, fatiga manifiesta, reactividad agresiva como respuesta a una paranoica autofabricación de amenazas inexistentes, y una incapacidad de gestionar las decisiones propias de las tareas asignadas.

La basura mental, así como la física, no solo es peligrosa por la cantidad sino especialmente por su acumulación. Sin embargo la basura física resulta más sencilla de eliminar que la mental, porque los creadores de esta última no solo evitan expulsarla sino que necesitan acumularla, ya que a falta de algo realmente valioso y útil al interior de su mente, expulsarla los enfrentaría a un angustioso sentimiento de vacío. Amontonar basura mental, día a día, capa tras capa, construye un relleno insalubre que a simple vista pareciera estar conformando una montaña de conocimiento, pero realmente es un depósito creciente de toxicidad que puede derrumbarse sobre los demás.

La acumulación de basura mental que todos los días el mismo sujeto genera, tiene graves y peligrosos efectos. En los depósitos de basura se forma con el tiempo un líquido oscuro, maloliente y peligroso que se denomina “lixiviado”, que contamina lo que está a su paso, pero más gravemente se infiltra en el subsuelo, envenenando los acuíferos y ríos. Por precaución, se intenta reducir los riesgos aislando la masa contaminante y ubicándola en lugares lejanos a la población, pero cuando permitimos que el Palacio de Nariño sea el sitio para la producción y acumulación de basura y chatarra mental, el país no tiene futuro, menos aún si decidimos prolongar por otros cuatro años su permiso de “operación”.

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