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El encanto del periódico físico

Contra todo pronóstico y transcurridos más de 25 años de la llegada de los medios digitales, la prensa física sobrevive y se resiste a desaparecer.

11 de octubre de 2024
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  • El encanto del periódico físico

Por Josefina Agudelo Trujillo - josefina@tcc.com.co

Recuerdo de niña, cuando entraba muy temprano a la habitación de mis padres, la imagen de mi papá leyendo el periódico en su cama acompañado por un tinto y un cigarrillo.

Admiraba la maestría con la que desplegaba cada página, (en aquella época el formato era enorme) le daba la vuelta para volver a doblar en dos y leer cada cuartilla todavía recostado. También sentía fascinación por la torre de periódicos viejos que se acumulaba en la zona de labores y su gran utilidad para diversos usos como empaque y/o protector de pisos cuando pintaban la casa.

Con el auge de los medios digitales se especuló mucho sobre la desaparición del periódico físico. Algunos le daban solo un par de años y otros creían que sería cuestión de meses.

Contra todo pronóstico y transcurridos más de 25 años de la llegada de los medios digitales, la prensa física sobrevive y se resiste a desaparecer.

Sin dejar de reconocer los desafíos de supervivencia que tiene la prensa en general y con el ánimo de identificar el secreto de su disfrute, me permito compartir mi experiencia de uso con El Colombiano físico.

Al calor del primer café matutino mi esposo y yo esperamos con ilusión la llegada del periódico. Por cosas de la vida tenemos dos suscripciones, entonces no debemos esperar el turno de lectura y podemos comentar paso a paso las noticias. Mismas que seguramente ya leímos en el digital o vimos el día anterior en televisión. Tal vez tenemos la ilusión de encontrar un poco de profundidad y análisis más allá del titular.

Leemos juiciosamente el editorial y los columnistas, de acuerdo con la preferencia de temas de cada uno, compartimos el resumen cuando alguno no quiere profundizar en su lectura.

Mientras en la cocina se prepara el desayuno, servimos el segundo café del día para acompañar el momento más esperado que es la elaboración del crucigrama. Con lápiz HB y borrador de nata, el desafío es llenar la máxima cantidad de casillas sin tener que consultar, obviamente en los buscadores digitales. De vez en cuando recordamos a las tías y tíos que eran aficionados a los crucigramas, cuyas herramientas más utilizadas eran las enciclopedias y por supuesto el diccionario pequeño larouse. En particular la tía Anita tenía un grupo de amigas aficionadas a las que llamaba por teléfono para consultar las difíciles y esto se volvía un plan muy divertido para ellas.

Cuando no tenemos tiempo para hacer el crucigrama en la mañana, nos queda la tarea para el final de la tarde. Y si salimos de viaje, al regresar encontraremos un potosí de diversión.

Creo que la prensa al igual que los cuadernos y los libros físicos no desaparecerán. Hay una conexión inexplicable entre el ser humano y el papel. Es como una atracción natural. Lo percibo cuando llegan mis hijos de visita y encuentran el periódico físico sobre la mesa, lo miran hasta el final.

Sin duda el encanto de la prensa física está en la experiencia de uso y la confianza en el contenido.

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María Clara Posada Caicedo

Jean-François Revel advertía en El conocimiento inútil que una de las paradojas centrales de la modernidad es esta: nunca hubo tanta información disponible y, sin embargo, nunca fue tan fácil mentir con éxito. Para Revel, el mundo no se mueve por la ignorancia sino por la manipulación consciente del conocimiento. La mentira prospera cuando se reviste de ideología, cuando se presenta como una “verdad superior” que pretende corregir o sustituir a la realidad. Allí nace lo que él llama la inutilidad del conocimiento: los hechos están, pero no importan si contradicen el dogma.

Esa lógica no surge de la nada. Tiene antecedentes explícitos en la tradición revolucionaria. León Trotski lo formuló sin ambigüedades al sostener que no se tiene derecho a decir toda la verdad cuando esta debilita a la revolución, una paráfrasis fiel de su concepción instrumental de la verdad política. Iósif Stalin fue todavía más brutal al afirmar que las ideas son más poderosas que los hechos. No se trata de frases aisladas ni de provocaciones retóricas, sino de una doctrina: la verdad deja de ser un valor y se convierte en un medio subordinado a la causa.

Revel sostenía que esa mentalidad es particularmente visible en cierta izquierda que no discute la realidad sino que la reescribe. Esa, que no busca comprobar, sino confirmar. Frente a la verdad empírica, levanta una verdad ideológica moldeada por sesgos, resentimientos, odios y una convicción moral que se cree autorizada a falsear porque se auto-percibe del “lado correcto de la historia”. La mentira deja de ser un problema ético y se vuelve una herramienta política.

Ese patrón se hace evidente en el comportamiento del candidato del continuismo, Iván Cepeda, frente al expresidente Álvaro Uribe Vélez. No se trata aquí de una diferencia de opiniones o de una controversia ideológica legítima. Se trata de una contradicción vulgar entre lo que Cepeda afirma bajo juramento en los estrados judiciales y lo que declara sin pudor en escenarios mediáticos internacionales.

El abogado del expresidente, Jaime Granados Peña, lo ha expuesto con claridad: Cuando Cepeda fue contrainterrogado en juicio y enfrentado a la gravedad del juramento, tuvo que admitir que no le constaba ningún hecho que comprometiera penalmente a Uribe. Nada. Ninguna prueba. Ningún conocimiento cierto. Solo conjeturas. Sin embargo, lejos de contextos con consecuencias legales, Cepeda reaparece en España acusando al presidente de haber construido su poder económico en relación con el narcotráfico. La diferencia entre ambos escenarios es reveladora. Ante los jueces, la verdad fáctica se impone. Ante los micrófonos, la ideología se desborda. Es exactamente el fenómeno que describía Revel y que Trotski y Stalin asumieron como principio: cuando la causa lo exige, los hechos estorban.

Granados añade otro elemento que Cepeda omite deliberadamente en sus discursos internacionales. El expresidente Uribe fue exonerado por el Tribunal Superior de Bogotá, que revocó una decisión injusta y lo declaró inocente. También recuerda que el caso de Santiago Uribe tuvo una absolución que hoy se encuentra en discusión jurídica, sujeta a impugnación ante la Corte Suprema de Justicia. Esos datos existen. Son públicos. Pero no encajan en el relato del stalinismo del siglo XXI. Aquí no estamos ante un error. Estamos ante una estrategia en la que se dice una cosa donde hay sanción y otra donde no la hay. Se callan los hechos que incomodan y se amplifican las acusaciones que alimentan el prejuicio. Eso, en términos de Revel, no es ignorancia. Es una forma activa de mentira.

Colombia paga un alto precio cuando la política adopta esta lógica y las elecciones se someten a ese vaivén. Porque cuando la verdad deja de importar, todo se vuelve sospechoso. Y cuando la ideología se cree con derecho a sustituir los hechos, la democracia se resquebraja. Revel lo advirtió hace décadas. Trotski y Stalin lo proclamaron sin pudor. Hoy, tristemente, lo experimentamos en carne propia con nuestra versión Temu, en Cepeda -el neotrostkiano.

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