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A derrotar la oclocracia en las urnas

hace 3 horas
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  • A derrotar la oclocracia en las urnas

Por Johel Moreno S. - opinion@elcolombiano.com.co

Mientras la democracia busca el bienestar común a través de procedimientos, la oclocracia impone la voluntad de un grupo ruidoso sobre los derechos de las minorías.

La oclocracia, “es el gobierno de la muchedumbre o de la plebe, es considerada como una degeneración caótica y desordenada de la democracia; Implica que la masa popular influenciada por emociones y demagogia, toma decisiones impulsivas y a menudo violentas, sustituyendo a las instituciones y el Estado de Derecho”.

Es la” tiranía de la mayoría o el gobierno de una masa irracional alimentada por el rencor o la ignorancia”. El término fue acuñado por el historiador griego Polibio en el siglo II a.C. como “la forma patológica o corrupta del gobierno popular que toma decisiones basadas en emociones inmediatas y no la del bienestar del largo plazo en que la multitud, susceptible de ser manipulada por líderes populistas, prometen beneficios para mantenerse en el poder; lo que lleva a acciones violentas en las que las normas democráticas se pierden”.

Un ¨nítido retrato”, que pareciera ser fiel copia de la situación del país ante la cual, no hay otra opción que elegir un buen Congreso el 8 de marzo, integrado por patriotas probos e incorruptibles para servir a los supremos intereses de la nación y no a devengar como suele ocurrir, pues el ejercicio de la política tiene un solo propósito, un fin último:

Mejorar la vida de las personas como lo enseñó Aristóteles: alcanzar el bien común y es por eso que existe el Estado, que solo se logra garantizando: Seguridad, Justicia y una Infraestructura Básica que genere crecimiento, desarrollo económico y social, mediante Políticas de Estado de largo aliento; un Congreso que expida leyes no para coleccionar sino para que se cumplan, pues ley que no se cumple no es ley.

Y el otro gran evento en paralelo, son las votaciones interpartidistas de primera vuelta presidencial cuyo tarjetón más importante es el de la Gran Consulta por Colombia, en la que estaría el más probable presidente de la República, que no obstante desarrollarse en un clima de inseguridad en más de 300 municipios, sin garantías para electores y candidatos por las amenazas de grupos ilegales, el reto es salir a votar masivamente para derrotar ese modelo perverso que amenaza perpetuarse en el poder en cuerpo ajeno con Iván Cepeda.

Porque al margen de las encuestas; la opinión de 2.000 o de 4.000 ciudadanos, nunca reflejará el pensamiento de los 41.3 millones de colombianos aptos para votar, pues hay antecedentes de resultados contrarios a los de las urnas, porque no hay fórmula matemática ni método científico que asegure anticipar el resultado de una elección cuando se elige con la razón y no por las encuestas.

Y está probado que ellas influyen en el elector; un fenómeno sicológico y cognitivo donde la gente adopta creencias, simplemente porque la mayoría ya lo hace. Un comportamiento gregario impulsado por la necesidad de pertenencia social sin un análisis ni evaluación crítica; es el denominado efecto vagón (bandwagon effect) en que las mayorías, terminan por adoptar lo que piensan las minorías encuestadas.

Explicable entonces que, a 3 meses de la primera contienda, aparezcan ¨resultados¨ contradictorios respecto de los cuales, como ha ocurrido antes, es probable que el puntero actual no sea el vencedor y de nuevo sean las encuestas las derrotadas en las urnas.

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