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España vive una auténtica pesadilla inmobiliaria, parecida a la de otros países occidentales, pero agravada por un déficit constante de vivienda pública.
Por Humberto Montero - hmontero@larazon.es
España necesita 750.000 viviendas hoy, según el Banco de España, y un millón para 2028 si siguen las actuales perspectivas de creación de hogares. Desde 2018, cuando entró a gobernar la coalición social-comunista dirigida por Pedro Sánchez, se inician una media de 13.000 viviendas protegidas al año, frente a las casi 60.000 anuales del período 1995-2002 y las más de 80.000 del ciclo 2003-2010, según un informe del centro de estudios del banco BBVA.
Desde ese mismo 2018, la entrada de inmigrantes potenciada por Sánchez ha superado con creces los siete millones de habitantes, con un saldo migratorio neto entre entradas y salidas de 3,7 millones de personas que, a su vez, van tirando de otras por el efecto reagrupación familiar.
España vive una auténtica pesadilla inmobiliaria, parecida a la de otros países occidentales, pero agravada por un déficit constante de vivienda pública de alquiler en un país con un alto porcentaje de propietarios de vivienda, muy superior al de países como Alemania. Sin embargo, son menos que hace unos años. En los últimos 14 años, los hogares que viven en una vivienda de su propiedad han caído del 79% al 63,9%, mientras que los hogares que viven de alquiler han pasado del 11,9% al 19%.
El caso de la señora Maricarmen, una octogenaria desahuciada por un fondo inmobiliario de su casita de 92 metros cuadrados -con tres habitaciones y un cuarto de servicio- en una de las mejores zonas de Madrid, muy próxima al Parque del Retiro, algo así como el Central Park neoyorquino, ha movilizado a todos los perro-flautas de ultraizquierda, que han tomado la Puerta del Sol día y noche. Así que si piensan venir a Madrid de turismo retrasen su visita, porque el kilómetro cero de la capital está ahora plagado de tiendas de campaña impregnadas en ese olor a porro tan característico de la progresía de café. Los simpatizantes de la ocupación y de vivir del cuento a costa de los otros protestaban primero contra la Comunidad de Madrid y su Ayuntamiento, de derechas, pero como la señora en cuestión ha logrado regresar a “su” casa pagando poco más de 500 euros al mes, para una casa cuyo alquiler en el mercado ronda los 2.500 euros, ahora persisten en su protesta hasta que este viernes se dirima si el Congreso de los Diputados convalida un real decreto absurdo aprobado por Sánchez y sus secuaces que solo va a limitar aún más el alquiler. Porque nadie quiere poner una propiedad en el mercado sin sacarle más que quebraderos de cabeza y a sabiendas de que como se te meta una rata, no la echas ni con dinamita.
Así que la imagen de la España social-comunista que nos deja Pedro Sánchez es la de un país atestado de tiendas de campaña, desde el corazón de la capital del Reino hasta la ciudad africana de Ceuta, cercada por los asaltantes marroquíes que el gobierno no se atreve a expulsar. Por cierto, si están pensando en venirse a trabajar, echen el freno si no quieren acabar durmiendo en un tipi de Quechua y cocinando con un infiernillo.