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¡Mátate! La “solución fácil” de la izquierda

hace 2 horas
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  • ¡Mátate! La “solución fácil” de la izquierda

Por Humberto Montero - hmontero@larazon.es

Noelia Castillo ya no está entre nosotros. Se fue por suicidio asistido la semana pasada. La joven barcelonesa de 25 años a la que la ley de eutanasia vigente en España le ha permitido matarse ha sido convertida en motivo de celebración por la izquierda que aprobó este despropósito y a la que le importa un cuerno la vida de los fetos abortados (seres humanos porque, de lo contrario, para qué abortar) y la de los que sufren. La misma izquierda que opta por la “solución fácil”: eliminar el problema en vez de apoyar y acompañar. Noelia tuvo una infancia feliz, según ella misma contaba, y una adolescencia y juventud marcadas por la inestabilidad, el sufrimiento psicológico y episodios traumáticos que condicionaron su vida. La separación de sus padres y el régimen de custodia compartida marcaron el inicio de sus problemas. Noelia narraba a pocas horas de poner fin a su vida las largas esperas en bares hasta altas horas de la madrugada mientras su padre consumía alcohol. “Teníamos que estar esperando hasta las tres o cuatro de la mañana”, relató en una entrevista. Desde los 13 años, Noelia estuvo en tratamiento psiquiátrico, con diagnósticos como el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y el trastorno límite de la personalidad (TLP). Sufrió dos agresiones sexuales, una en el ámbito de su pareja y otra de carácter múltiple, que no llegó a denunciar. Tras varios intentos de suicidio, quedó con una paraplejia no severa y un horizonte más complejo aún. “No tengo metas ni proyectos”, señaló. “Siempre he visto mi mundo muy oscuro”, decía en la entrevista.

Noelia podía andar con dificultades y concedió una entrevista antes de quitarse la vida con ayuda del Estado. No lo olvidemos. Podía comer y respirar sin ayuda. Entiendo su sufrimiento mental, pero si cada persona sin metas y proyectos que ha convivido con padres alcohólicos, drogadictos o maltratadores y ha tenido que lidiar con experiencias traumáticas se quitara la vida, no se entraría en el cementerio. El caso ha dado la vuelta al mundo y hasta la Administración de Trump ha solicitado indagar en su muerte, según el “New York Post”.

El medio asegura que funcionarios informaron bajo anonimato que el Departamento de Estado instruyó a la Embajada de EE UU en Madrid a recabar información sobre cómo se gestionó el caso y las decisiones que permitieron llevar a cabo el procedimiento. Funcionarios estadounidenses citados por el Post expresaron preocupación por posibles fallas del sistema de protección a personas vulnerables y cuestionaron la aplicación de la ley de eutanasia en casos de sufrimiento no terminal o condiciones psiquiátricas.

Unos días después escuché el testimonio de otra joven que pasó por un calvario similar al de Noelia. Dio gracias a Dios de que en su momento no hubiera una ley de eutanasia, porque probablemente se habría quitado la vida. Hoy espera un bebé fruto de su reciente matrimonio y se declara feliz, aunque sigue combatiendo sus demonios con tratamiento psicológico, una batalla que seguro le acompañará toda la vida.

La eutanasia es un error porque hoy hay suficientes cuidados paliativos para todos, que –eso sí– el Estado debe financiar en vez de invitarnos a tirarnos de un precipicio como hacían los espartanos y es un fracaso descomunal de la sociedad.

Estoy seguro de que mis primos Adolfo y Aitor, uno con parálisis cerebral, fruto de malditos fórceps, y otro con síndrome de Down, agradecen cada día a su madre Pilar, una heroína que tiene el cielo ganado, haberles dejado ver cada mañana vivida. Y que ninguno se atrevería a perderse lo que les queda, aunque fuera por respeto a ella.

Yo mismo, por un segundo, pensé una vez que no podría afrontar lo que se me venía encima con 16 años por tener que perder un año de bachillerato. Menos mal que lucía el sol.

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