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El hecho es que Trump es reincidente. En su primer mandato, tan estridente y volátil como el actual, ya dio síntomas de que muchas de sus decisiones estaban guiadas por el interés personal.
Por Humberto Montero - hmontero@larazon.es
Lo han vuelto a hacer y seguirán en ello mientras puedan. El tándem conformado por Elon Musk y Donald Trump han visto multiplicadas sus fortunas con creces en el último año. Casi podría aventurarse que el enriquecimiento se aceleró con los estertores del año 2024, después de que Trump fuera elegido abrumadoramente para un segundo mandato.
Así lo atestigua la lista de las mayores fortunas del mundo elaborada por la revista “Forbes”que coloca al consejero delegado de Tesla y SpaceX y propietario de la red social X, antigua Twitter, en el podio, recuperando el primer puesto entre los más ricos del mundo. La lista elaborada desde 1987 atribuye al magnate de origen sudafricano un patrimonio de 316.023 millones de euros (342.000 millones de dólares), lo que supone un 75% más que en 2024. El despegue es tan meteórico que Musk se ha convertido “en la persona más rica jamás rastreada” por la revista.
El gurú empresarial de Trump, que lo considera un visionario, se destaca a sus 53 años como el rey Midas global, tras dos años consecutivos ocupando la segunda posición de la lista por detrás el francés Bernard Arnault, del grupo de lujo Louis Vuitton-Moët-Hennessy, después de que su acercamiento a Trump le haya catapultado como principal asesor –por ahora- de la Casa Blanca.
Aunque Trump es un “pelao” en comparación con Musk, su segundo mandato comienza con una lluvia de dólares. El presidente de Estados Unidos, que tiene a medio mundo alborotado para nada y va camino de empobrecer a todos los americanos menos a sus amiguetes a base de aranceles a discreción, que va a concretar por fascículos, ocupa la posición 700 en la lista de las mayores fortunas planetarias, pero ha logrado uno de los mayores incrementos patrimoniales entre los más ricos del mundo, con un crecimiento de su riqueza del 122%, ahí es nada, hasta los 4.713 millones de euros (5.100 millones de dólares).
“Forbes” destaca que Trump “ha presidido la post-presidencia más lucrativa de la historia de Estados Unidos” y a sus tradicionales negocios inmobiliarios ha sumado el producto de la comercialización de NFT y otros artículos de colección entre sus partidarios, criptomonedas personalizadas incluidas, además de acciones de una empresa de redes sociales.
El hecho es que Trump es reincidente. En su primer mandato, tan estridente y volátil como el actual, ya dio síntomas de que muchas de sus decisiones estaban guiadas por el interés personal, particularmente por posibles inversiones especulativas sobre sectores y valores que impulsaba o hacía caer para luego repuntar. De hecho, no pocos analistas creyeron ver “amaños” en buena parte de sus decisiones económicas, vaya a saber usted si para favorecer a sus donantes electorales, para su propio lucro o para ambas circunstancias.
A pesar de que algunas de las propuestas de Trump son acertadas, le puede su amor por el dinero que, en ocasiones, le lleva a comportarse como ese portero de fútbol al que le cuelan goles absurdos y casi le falta meterse el balón en propia meta para favorecer a apostadores malintencionados.
Su enriquecimiento, lo verán en las próximas listas, no hará más que aumentar, lo que no es una buena noticia más que para su bolsillo, que no para su credibilidad. Si supiéramos que un mandatario colombiano o español dispara un 122% su patrimonio en un año, ¿qué pasaría? Casi seguro acabaría mal.