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El potencial minero nacional no lo determina solo la geología, también la capacidad institucional.
Por Federico Arango Toro - @fedearto
La historia del desarrollo de la humanidad ha estado estrechamente ligada a los minerales disponibles y a las tecnologías desarrolladas para su extracción, transformación y aprovechamiento. A lo largo de miles de años, diferentes minerales han marcado cada época y momento, propiciando avances tecnológicos y nuevas aplicaciones.
Así, la minería, especialmente del oro, fue decisiva para el desarrollo de Antioquia. Con ella se fundó la base del capital que posteriormente sirvió para desarrollar el café, el comercio y el tejido industrial que nos caracterizó durante el siglo pasado. Sin embargo, no ocurrió cosa similar en el conjunto nacional. El nivel de desarrollo de la minería demuestra que ella se ha movido entre dos extremos; de un lado, unos pocos casos de éxito, con tecnología de punta y alta inversión extranjera y, del otro, una amplia base minera, en su mayoría informal, rezagada en tecnología, y, por si fuera poco, en buena parte tomada por la ilegalidad, como ocurre con el oro.
El papel de los minerales en el desarrollo mundial ha tenido un reposicionamiento, pasando de ser considerados simples materias primas a convertirse en una especie de infraestructura estratégica, adquiriendo importancia geopolítica del tipo de la que en otros momentos ha tenido el petróleo. Hoy, decenas de minerales, como cobre, litio, cobalto, níquel, grafito, coltán y las llamadas tierras raras, un conjunto de 17 elementos de sobresalientes características eléctricas y magnéticas, apalancan los desarrollos de punta que lideran las diferentes potencias mundiales, en asuntos de tecnología avanzada como transición energética, computación, economía digital, inteligencia artificial y defensa. Este es un curso ya iniciado, pero aún en configuración.
Mientras países como Brasil, Perú, Chile y Argentina buscan posicionarse en el mercado de esos minerales estratégicos, Colombia luce rezagada por su deficiente institucionalidad. No obstante, en la pasada visita del secretario de Estado Marco Rubio a Colombia, se firmó un memorando de entendimiento entre ambos países, no vinculante, dedicado a los minerales críticos. Paralelamente, por esos mismos días, el Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga (ICP) publicó un documento con insumos para políticas públicas, titulado Los desafíos de Colombia ante la carrera global por los minerales estratégicos, valioso aporte para plasmar esta oportunidad de coyuntura, con una visión de largo plazo, en el Plan Nacional de Desarrollo 2026-2030, próximo a debatirse.
Aunque no completamente evaluadas ni cuantificadas, sí tenemos condiciones geológicas que en principio nos permitirían competir en el mercado de los minerales estratégicos. Además, la necesidad política de EE. UU. de reducir su dependencia de China en el suministro de tales insumos, nuestra cercanía geográfica y las buenas relaciones actualmente existentes entre ambos gobiernos, conforman un momento único que Colombia debe aprovechar responsablemente. Para ello es indispensable construir una gobernanza sectorial que trascienda los períodos gubernamentales, que ofrezca seguridad jurídica, incentivos para la inversión extranjera, agilidad en los trámites y que propicie el desarrollo sectorial integralmente
El potencial minero nacional no lo determina solo la geología, sino también la capacidad institucional que permita su desarrollo comercial competitivo.