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Por Federico Arango Toro - fedearto@icloud.com

Murphy vale, hasta toparse con Petro

hace 5 horas
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  • Murphy vale, hasta toparse con Petro

Por Federico Arango Toro - fedearto@icloud.com

A causa del gobierno Petro, el año que terminó lo desperdiciamos y perdimos en prácticamente todos los frentes. Economía y finanzas públicas, seguridad y paz, energía e hidrocarburos, relaciones internacionales, salud, infraestructura, VIS, cultivos ilícitos y narcotráfico, educación, corrupción y todas las demás materias tuvieron pésimo desempeño y bajísima nota. El año 2025 se perdió.

A diferencia de lo que ocurre con el año lectivo, ante el que existe la oportunidad de habilitar o repetir materias, en la vida de un país un año perdido es irrecuperable dado que los tiempos sociales y políticos no vuelven; es como la misa del domingo pasado, si no la oyó, ya no la oirá jamás, quedando en pecado. Pero el pecado tiene perdón con la confesión, en tanto que el año nacional perdido no, proyectando, por el contrario, sus sombrías consecuencias por varios años más hacia el futuro.

Aunque una de las sabias leyes de Murphy dice que todo lo que puede ser peor, empeorará, ella exceptúa su validez ante lo que hace Petro, puesto que él encarna, desde siempre, el axioma de que todo lo suyo es lo peor posible y en grado superlativo, dando vida al corolario de que Murphy vale, hasta toparse con Petro.

Una revisión retrospectiva nos muestra que como presidente no es solo ese año el perdido sino desde agosto de 2022, conduciendo la nación al abismo que enfrentamos. Llegó Petro a la presidencia no propiamente por ser buen candidato, sino uno entre “dos peores”. Tan malos ambos, que 23,7 millones de votantes no fuimos capaces de marcar significativa diferencia entre ellos, ganando Petro por el voto de incautos esnobistas, autodenominados intelectuales, que se las dan de progres y avanzada por vivir en la capital,

Antes, luego de salir de la clandestinidad, se movió entre el legislativo y la alcaldía de Bogotá. Fue anodino legislador que pasó doce años de representante y ocho de senador, sin ninguna ley relevante o estructural de su propia iniciativa. Imposible peor desempeño; totalizó 20 años calentando asiento, siendo legislador de número, que no legisló, pero sí devengó.

El 30 de octubre de 2011, entre 6 candidatos y con solo el 32% de los votos, fue electo Alcalde de Bogotá. Disputa el podio entre los peores alcaldes de los 79 que ha tenido la capital en los últimos 100 años, y posiblemente también entre los casi 800 que van desde su fundador Don Gonzalo Jiménez de Quesada en 1538. Destaca, sí, el aprovechamiento instrumental que hizo de las funciones del cargo para beneficio político.

De su vida clandestina es difícil juzgar cómo lo hizo, pero hay declaraciones públicas de excompañeros suyos en el M19, que ante su incompetencia en el oficio, con solidaridad y benevolencia, lo definen apenas como mediocre, estando a hilo con lo que caracteriza su vida de corte político, para respetar la privada.

Es una larga vida, con 65 abriles a cuestas, arrojando con admirable coherencia resultados que siempre están entre los peores. En reconocimiento a una vida, la RAE debería acoger la palabra “peoridad”, para definir la condición de siempre peor, mínimo honor para quien venció a Murphy.

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