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Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.
Una transición democrática en Venezuela no está en el calendario cercano ni del trumpismo ni del chavismo.
Por David E. Santos Gómez - davidsantos82@hotmail.com
En una de sus muchas declaraciones de humor —que causan poca risa—, el presidente de Estados Unidos aseguró en abril que su popularidad en Venezuela era suficiente para convertirlo en gobernante de ese país. Aprendería español rápido, dijo, y luego sería electo para dirigir desde Miraflores. Ya el 12 de enero pasado, tan solo unos días después del bombardeo a Caracas y la extracción de Nicolás Maduro, publicó en su red Truth Social una imagen de perfil en la que se declaraba “presidente interino de Venezuela”. Después de los chistes flojos Trump pone cara de serio e insiste en que con Delcy Rodríguez en el poder basta, por ahora. “Estamos muy contentos con la presidenta que tenemos ahora”, dijo desde el Salón Oval. “Está haciendo un trabajo fantástico”.
Pero la realidad es que Delcy tarde o temprano tendrá que llamar a elecciones. ¿Cuándo será esto?, le preguntaron la semana pasada en la Cámara de Representantes al secretario de Estado Marco Rubio, legisladores preocupados por el interinato y la respuesta fue ambigua. Que aún hay cosas por arreglar en Caracas, que ha pasado poco tiempo desde la salida de Maduro, que es necesaria una nueva comisión nacional electoral. Que le gustaría ver “lo antes posible” una ruta electoral pero que, para ser realistas, aún es imposible fijar fechas porque hay que dar tiempo para la reorganización de los espacios políticos. En otras palabras, como estamos, estamos bien.
Una transición democrática en Venezuela no está en el calendario cercano ni del trumpismo ni del chavismo. El particular orden de las cosas políticas que se tomó el país vecino desde enero pasado ha funcionado para Washington de buena manera y mientras Caracas se mantenga obediente a los dictados de la administración republicana, no hay porque acelerar un proceso electoral que podría traerles dolores de cabeza. La verdad, dura y directa, es que el particular gobierno de los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez le pueden brindar unas respuestas rápidas y efectivas a los intereses de Estados Unidos que son imposibles de garantizar con una nueva administración. Nadie en la oposición (y mucho menos María Corina Machado) tiene la capacidad organizativa para mover el engranaje del vetusto Estado venezolano, burocratizado y dinamitado por un cuarto de siglo de chavismo.
Así que por ahora las cosas se mantendrán en la calma de las risas diplomáticas y la obediencia sin falla. Mientras Nicolás Maduro pasa sus horas en una celda en Nueva York, rumiando hipótesis sobre aquellas personas de su círculo interno que lo traicionaron, las banderas estadounidenses se ondean en el que fue su despacho. Donald Trump lo ha dicho varias veces en forma de chistes e imágenes generadas por inteligencia artificial, pero su humor flojo no pretende ocultar una realidad que salta a la vista: por ahora no habrá elecciones presidenciales porque el gobernante de Venezuela es él.
Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.