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La palabra es ‘gamín’. El hombre es el padre Javier de Nicoló, muerto hace una semana. Cogió la palabra, desentrañó su inteligencia y picardía, descubrió el modo de desarmarla como si se tratara de una mina antipersonal. Hoy nadie habla de un gamín.
En los años setenta del siglo pasado, hace cuarenta años, Colombia estaba sembrada de gamines. Niños desde los cinco años dormían en las calles, agrupados en galladas, ataviados con cobijas o chaquetas de adultos, pegados a una botellita de pegante.
Aparecían...
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