Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8
Ingeniero y economista con doctorado en Ingeniería, y doctorando en Historia Empresarial en la Universidad Autónoma de Barcelona. Director de ECSIM y profesor en varias universidades, ha liderado proyectos nacionales e internacionales —públicos y privados— sobre innovación, desarrollo económico y sostenibilidad. Para él, referente en pensamiento empresarial y prospectiva territorial, las ciudades nacen en lo local, pero su destino es el mundo. Solo al abrirse y conectarse logran desplegar su verdadero potencial y construir bienestar duradero.
El efecto de tener una ciudad vivible y disfrutable se evidencia en el flujo de extranjeros a la ciudad. Pasamos de ser los inelegibles a los deseados.
Por Diego Fernando Gómez - opinion@elcolombiano.com.co
Hacer consultoría o participar con grupos de investigación en otras ciudades hace evidente una mezcla de envidia y admiración por Medellín y Antioquia que desafortunadamente está siendo usada desde las campañas políticas. Esa lectura sesgada impide ver y aprender de un proceso que debería ser muy útil para el resto del país.
La pretensión de acabar con la violencia y el crimen organizado ha sido y seguramente seguirá siendo una quimera costosa. Más bien, como proponía el jesuita Peter Freile, el camino es llenarnos de cosas buenas que van limitando y poniendo en su lugar las dinámicas destructivas en una comunidad.
Medellín terminó haciendo esto. No “venció” de una sola vez a Pablo Escobar, al narcotráfico, a las AUC y a las milicias. Lo que ocurrió fue una secuencia de transformaciones. Luego de que cayó la guerra abierta del Cartel de Medellín contra el Estado, se comprometió con una profunda transformación social y económica. La ciudad vivió la urbanización del conflicto armado y la acción del Estado redujo la violencia letal mediante una mezcla de coerción, desmovilizaciones parciales, fortalecimiento institucional e inversión urbana; y, al mismo tiempo, varias economías criminales se adaptaron y siguieron operando bajo formas menos visibles. Por eso, más que una victoria total, conviene hablar de una recomposición del orden urbano (Moncada, 2016; Museo Casa de la Memoria, 2018).
La guerra de Escobar contra el Estado colombiano terminó en 1993 con la presión combinada del Bloque de Búsqueda, agencias de inteligencia y otros actores violentos enfrentados al cartel. Pero la propia memoria institucional de la ciudad subraya que la muerte de Escobar no acabó con el narcotráfico: terminó esa guerra específica, mientras el negocio criminal siguió mutando. De hecho, la Oficina de Envigado, heredera de parte de ese aparato, continuó operando posteriormente en narcotráfico, lavado, cobro de deudas, extorsión y homicidio por encargo (Museo Casa de la Memoria, 2018; U.S. Department of Justice, 2023).
En 2000 el problema central en varios barrios ya no era Escobar sino la disputa territorial entre milicias, guerrillas urbanizadas, paramilitares y bandas. La Comisión de la Verdad documentó que, para ese momento, en sectores de la Comuna 13 se había consolidado la presencia de milicias, el ELN y las FARC, que ejercían autoridad y control territorial.
El cambio más duradero vino de la construcción de más economía y ciudadanía, sociedad civil, capacidad estatal local y de una intervención urbana más amplia. Un estudio de Cerdá y colegas encontró que, en barrios intervenidos con transporte público e infraestructura urbana, la caída del homicidio fue 66% mayor que en barrios comparables no intervenidos, y los reportes de violencia también disminuyeron de forma más marcada (Cerdá et al., 2012).
Medellín no eliminó por completo al narcotráfico ni a todos los actores armados, pero sí logró reducir su capacidad de gobernar abiertamente grandes porciones de la ciudad. Lo hizo mediante una combinación incómoda y desigual de fuerza estatal, desmovilizaciones parciales, inversión urbana, fortalecimiento institucional, acción comunitaria y una profunda transformación social y económica. Están pendientes las tareas de reducir extorsión, control barrial y reciclaje de estructuras criminales. El efecto de tener una ciudad vivible y disfrutable se evidencia en el flujo de extranjeros a la ciudad. Pasamos de ser los inelegibles a los deseados.
Ingeniero y economista con doctorado en Ingeniería, y doctorando en Historia Empresarial en la Universidad Autónoma de Barcelona. Director de ECSIM y profesor en varias universidades, ha liderado proyectos nacionales e internacionales —públicos y privados— sobre innovación, desarrollo económico y sostenibilidad. Para él, referente en pensamiento empresarial y prospectiva territorial, las ciudades nacen en lo local, pero su destino es el mundo. Solo al abrirse y conectarse logran desplegar su verdadero potencial y construir bienestar duradero.