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Tipos de soledad

Aún me río y lloro porque este mundo está lleno de personajes así, con sus soledades y sus dignidades.

hace 2 horas
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  • Tipos de soledad

Por Diego Aristizábal Múnera - desdeelcuarto@gmail.com

¿Cuántos tipos de soledad existen? Para Richard Yates, uno de los escritores más importes de la segunda mitad del siglo XX, son once, o al menos cuenta once historias que ahondan con sencillez y realismo en instantes de personajes que a pesar de haber vivido en calles y entornos muy norteamericanos, también habitan hoy las calles de Belén o La América, o acaban de ser despedidos de un banco en la Milla de Oro.

Da gusto leer a un autor que cuenta un cuento como si la gran cosa fuera la vida misma. Es memorable “Un perdedor nato”, el cual empieza con el recuerdo del protagonista cuando se hacía el muerto en un juego de policías y ladrones. Años después, lo vemos siendo un empleado que sabe que será despedido y, para él, “lo importante es ser digno”. Asistimos al despido de este hombre y vemos, al mismo tiempo que él, las marcas de humedad que dejan sus manos apoyadas sobre un vidrio, como las manos de un esqueleto. Luego se secan, desaparecen. Vemos estos pequeños detalles porque la vida está llena de ellos, así nos impacten más los grandes momentos, que, después de todo, cuáles son. El hombre es despedido por muchas pequeñas razones y vuelve temprano a casa, pero decide ocultárselo a su familia hasta que encuentre un nuevo empleo. El final es sencillamente asombroso. Aún me río y lloro porque este mundo está lleno de personajes así, con sus soledades y sus dignidades.

La soledad se está comiendo a algunos españoles, leo en El País, aunque en realidad se está comiendo al mundo entero. Recordemos la película “Her” en la que un hombre solitario desarrolla una relación sentimental con la voz de un sistema operativo. Hoy, eso que parecía ciencia ficción, está siendo pan de cada día con las inteligencias artificiales como ChatGPT. Al paso que vamos, y ante la imposibilidad de gestionar hasta nuestras propias conversaciones con el otro, nada raro que las máquinas terminen hablando entre sí y los llamados humanos apenas terminemos siendo los intermediarios de esas relaciones. Y sigamos solos y cada vez más vacíos. “¿Dónde queda nuestra creatividad y nuestra capacidad de improvisación a medida que delegamos en la IA nuestras decisiones personales, por cotidianas que sean?”, dice la nota.

Según Florence Gaub, experta en seguridad de la OTAN, la IA le preocupa, pero no es el mayor riesgo. “La IA sigue planteando, ante todo, un problema de regulación. Lo que más miedo me da es otra cosa: que dejemos de hablarnos entre países rivales, que perdamos la capacidad de entender cómo piensa el otro. Estamos perdiendo empatía estratégica. Y ahí nace el verdadero peligro. Muchas guerras no empiezan con las bombas o los tanques, sino con un fallo de comunicación”. Qué claridad, entender esto en los tiempos que vivimos, nos haría sentir, sin duda, menos solos. Ahora, ¿con quién hablar si es tan difícil escuchar? Varios líderes del mundo, en este instante, están alienados en su poder, creen más en los drones que en la humanidad. “Once tipos de soledad”, recomendado si les interesa recuperar la fe en la cotidianidad.

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