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La mejor cuentista de Colombia

Los cuentos de Lina son para todos, para todos aquellos que no se aterren con lo que somos, que ven sin miedo y con carácter el misterio de la vida y de la muerte.

hace 50 minutos
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  • La mejor cuentista de Colombia

Por Diego Aristizábal Múnera - desdeelcuarto@gmail.com

Los cuentos de Lina María Parra Ochoa están llenos de vida, es decir, están llenos de muerte. Están llenos de vida porque los personajes que habitan las trece historias de su libro más reciente, “Una cosa salvaje que conoce la muerte”, palpitan, son valientes y dignos, enfrentan sus miedos, tienen conciencia, son memorables en la medida que cada vida es memorable, solo que de eso no todos se percatan, son dignos en las pequeñas cosas, en las batallas cotidianas y anónimas. Y están llenos de muerte porque eso es la vida, a diario, solo que uno no piensa en ella todo el tiempo. Pero si miráramos bien, en cada instante hay un rastro que nos despluma, naturalmente.

Esta semana, antes de leer estos cuentos, pasé por una calle que puede hablar de mi monotonía. Antes de llegar a la acera, vi una culebra pequeña que había sido destripada por las llantas de un carro, o de muchos. No era muy larga y había muerto en forma de hoz, la observé: el color salmón de los extremos y el negro y el gris del centro se iban fundiendo con el color del asfalto. La calle sola. Una culebra sola y muerta. Los días siguientes velé en silencio a la pobre culebra, hasta que, en cuestión de días, su cuerpo se fundió en la calle. Ni rastro de color, apenas unas escamas del mismo tamaño de las piedras, un cuerpo invisible en ese pedacito de calle.

Fue la última imagen de la culebra en la calle la que me llevó a leer “Una cosa salvaje que conoce la muerte”. Empecé con sueño, con ganas de repasar apenas el primer cuento, tantear el tono, intentar despejar la mente. Pero desde esa primera historia, “El lento e imperceptible retiro de las aguas”, donde se lamenta haber estado donde no se tenía que estar y es necesario huir para intentar ahuyentar la complicidad, limpiar un poco la conciencia, quitarse la sangre de las manos, así no quite con nada; hasta cerrar el libro con el cuento “El borde de la herida”, y meter el dedo en la llaga, en la tumba vacía, que es también una herida abierta, comprendí que Lina María Parra Ochoa no es una de, es la mejor cuentista viva que tiene este país, la consistencia de este tercer libro de cuentos así lo demuestra. Las imágenes que nos deja, la forma como redefine lo que uno puede tener en mente hasta hacernos sentir el asco de lo que era una sutil pepita de granadilla, ya verán con qué la compara; o la forma como maneja la tensión y las ausencias de los personajes que esperan, por ejemplo, el sutil peso sobre la cama de un padre desgraciado, son apenas la punta del iceberg.

Los cuentos de Lina son para todos, para todos aquellos que no se aterren con lo que somos, que ven sin miedo y con carácter el misterio de la vida y de la muerte.

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