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Colombia no se arregla con milagros

Esto exige una transformación cultural que impacte el capital social. Sin ello, la patria milagro será otra ‘narrativa’.

hace 6 horas
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  • Colombia no se arregla con milagros

Por Mauricio Perfetti Del Corral - mauricioperfetti@gmail.com

Mañana inicia un nuevo cuatrienio: el de la “patria milagro”. Preocupa, porque los problemas que enfrenta el país no se resuelven con milagros, sino con nuevas leyes, políticas públicas sagaces y una ejecución impecable.

Es decir, la política pública no funciona por milagros; es eficaz a partir de un diagnóstico acertado, diseños realistas de instrumentos y una debida gestión y coordinación en su ejecución. Además, es necesario que el diseño de la política pública tenga claridad sobre algo fundamental: Nuestro país es de regiones diversas y desiguales y esto es necesario tenerlo en cuenta para que los programas y proyectos sean pertinentes y generen mayor impacto.

Se gobierna con liderazgo, propósito, buenas políticas públicas y normas, no con milagros. Gobernar un país como el nuestro también exige una mayor y verdadera descentralización, no simplemente despachos presidenciales en algunas de las ciudades capitales.

La campaña terminó. Los problemas del país no se agotan en aquellos que midieron las encuestas electorales: El deterioro en la seguridad, la crisis de la salud, el elevado déficit fiscal y la amenaza de un apagón energético. Es urgente ampliar esa visión.

La pobreza, la desigualdad y la informalidad siguen pesando de manera importante para millones de colombianos: 4,9 millones pasan hambre, 14,1 millones viven en la pobreza y 13,3 millones viven en la informalidad. Si a lo anterior se le añade el fenómeno de la violencia y la criminalidad, todos estos inciden de manera significativa en la muy baja movilidad social, según un estudio reciente de Juan Camilo Cárdenas y Leopoldo Ferguson de la Universidad de los Andes. Dicha incidencia se presenta debido a un contexto de baja confianza y capital social en medio de una cultura del incumplimiento (“obedezco pero no cumplo”), de un “individualismo indómito o sálvese quien pueda” ante unas instituciones frágiles e ineficientes, y “la cultura del vivo”; por ello es necesario cambiar creencias empíricas y normativas. De hecho, según estos autores, pareciera que en nuestro país poco se cree en el valor de los bienes públicos. Entender a cabalidad lo anterior es comprender, ni más ni menos, parte de las raíces de la profunda división actual.

Colombia acumula diez años de polarización creciente e intolerancia, acentuados por el gobierno de Petro y la reciente campaña presidencial; y constituye mal presagio al respecto negarle a dos expresidentes, la invitación a la posesión presidencial por pensar diferente. La evidencia empírica es clara: la polarización frena el crecimiento y destruye la confianza.

Este momento exige escucha genuina, diálogo con las organizaciones sociales y acuerdos en el Congreso para transformar las condiciones estructurales de pobreza, desigualdad e informalidad, lo cual pasa inevitablemente por más y mejor educación. Pero también exige lucidez: imponer una “batalla cultural” desde arriba sería repetir el error de Petro, solo que desde la otra orilla.

En otras palabras, no habrá Patria Milagro sin transformar las condiciones que generan una escasa movilidad social, donde el rebusque y hasta la economía criminal funcionan práctica y dramáticamente como la única meritocracia disponible. Esto exige también una verdadera transformación cultural que impacte el capital social. Sin todo ello, la patria milagro será solo otra “narrativa” más.

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