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Por Carolina Peláez Peláez - opinion@elcolombiano.com.co

Colombia en la AIE: un pase gol

hace 31 minutos
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  • Colombia en la AIE: un pase gol

Por Carolina Peláez Peláez - opinion@elcolombiano.com.co

El 19 de febrero de 2026, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) invitó formalmente a Colombia a ser parte de la organización como miembro número 33. Cinco años de trabajo técnico, ajustes institucionales y alineación regulatoria culminaron en un anuncio que trasciende cualquier ideología política: Colombia se sienta, por primera vez, a la mesa donde se define la gobernanza energética global.

La AIE de 2026 no es la de 1974, cuando fue creada. Nació como mecanismo de respuesta ante crisis petroleras; hoy es la principal autoridad técnica mundial en transición energética, seguridad de redes eléctricas y políticas climáticas. Ingresar a esta organización no es un trámite diplomático: es una señal de credibilidad ante inversores internacionales y una palanca concreta para atraer capital hacia proyectos energéticos que requieren estabilidad y seguridad.

Los beneficios son tangibles. En materia de seguridad energética, Colombia accede a mecanismos colectivos ante disrupciones del suministro y a herramientas de gestión de crisis que el país ya comenzó a desarrollar durante el proceso de adhesión. En materia de inversión, el “sello AIE” reduce la percepción de riesgo en un país donde la participación de energías limpias no convencionales en la matriz pasó del 2% al 16% en apenas tres años. Y en materia de voz, Colombia podrá influir (no solo observar) en las decisiones que moldearán el sistema energético de las próximas décadas.

La membresía plena aún no es un hecho. Falta la firma del Instrumento de Adhesión y su ratificación por el Congreso. Es importante tener claro que la AIE exige a sus miembros, independientemente de su ideología, coherencia regulatoria, marcos de política sostenibles y compromisos verificables con la descarbonización. No exige cambios abruptos. La AIE subraya que la transición energética debe ser ordenada y responsable, recordando que no hay fórmula igual y única para todos los países, pues las matrices energéticas y los entornos macroeconómicos difieren unos de otros. La AIE ofrece metodologías y evidencia para construir un camino eficiente y seguro.

El ritmo de la disminución en la producción de hidrocarburos y el aumento de energía proveniente de fuentes renovables debe estar sincronizado, sin dejar ventanas de vulnerabilidad energética ni incumplir los compromisos climáticos. Una transición mal gestionada llevaría a reemplazar combustibles por fuentes más contaminantes y más costosas para los hogares colombianos. Alemania, por ejemplo, priorizó el cierre nuclear sin tener renovables suficientes para compensar, y ante la crisis del gas ruso terminó reactivando plantas de carbón y aumentando importaciones de GNL.

Colombia llega a la AIE con una dotación natural excepcional (recursos solares, eólicos, hídricos) y una institucionalidad que ha demostrado capacidad técnica. La membresía será tan valiosa como la estrategia que el próximo gobierno diseñe para hacerla rendir. Y para eso, más que voluntad política coyuntural, el país necesita una política energética robusta que trascienda los gobiernos de turno. El pase está dado. Ahora Colombia tiene que definir.

*Abogada y consultora de asuntos internacionales y energía.

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