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Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.
Ante los ataques de naciones externas, Lula se fortalece. Los aplausos de Washington y Buenos Aires a Bolsonaro no son recibidos con beneplácito por parte del electorado brasileño.
Por David E. Santos Gómez - davidsantos82@hotmail.com
El próximo 4 de octubre Brasil irá a las urnas para escoger su presidente. Los más opcionados para ganar el Planalto son el actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva (que aspira a su cuarto periodo no consecutivo) y Flávio Bolsonaro (senador e hijo del expresidente de derecha preso por intentar un golpe de Estado tras su derrota hace cuatro años). Si bien hoy, según las encuestas, Lula aparece con una leve ventaja, el escenario más posible es una segunda vuelta en la que el panorama se estrecha considerablemente. Ante la incertidumbre, cada apoyo a los candidatos es medido con lupa, con euforia de unos y recelos del otro. Y más aún si ese empujón viene de gobiernos extranjeros. ¿Cuándo esos espaldarazos pasan a ser injerencia en asuntos internos? Para el oficialismo esa es la línea que han cruzado los mandatarios de Estados Unidos, Donald Trump y de Argentina, Javier Milei. Los dos apoyan fervientemente al heredero bolsonarista y cuestionan, incluso con visitas y discursos en tierra brasileña, el gobierno del Partido de los Trabajadores.
Con Washington la pelea viene de atrás. Trump insiste en que su amigo Bolsonaro es un perseguido político y bajo ese pretexto impuso aranceles a la economía suramericana y sancionó a jueces que adelantaban el proceso contra el expresidente. El hilo diplomático está más tenso que nunca y ante declaraciones de Lula y cortocircuitos diplomáticos Estados Unidos decidió revocar el visado de la embajadora brasileña en su país.
El caso con su vecino del sur no pinta mejor. Javier Milei ha insultado en repetidas ocasiones a Lula da Silva. Lo ha llamado “corrupto”, “ladrón”, “presidiario”, “delincuente” e, incluso, “basura socialista”. A finales de julio, Milei viajó hasta Sao Paulo para apoyar el lanzamiento de la candidatura de Flávio Bolsonaro y se despachó, una vez más, contra el presidente en ejercicio. Desde el Ejecutivo brasileño aseguran que el nivel de relaciones entre las dos grandes economías está en su punto más bajo y decidió retirar su embajador en Buenos Aires.
Ambas peleas tienen su origen en diferencias ideológicas de base. Insalvables. Para los dos Lula da Silva encarna el prototipo de gobierno que desprecian. Sin embargo, hasta ahora el pragmatismo diplomático parecía imponerse y la urgencia de las relaciones económicas llevaba a las partes a risas y apretones de manos forzados en los encuentros bilaterales.
Pero todo ha cambiado. Estamos en época de elecciones y los enemigos huelen sangre. Mientras su casa arde (tanto Trump como Milei pasan por las horas más bajas de su popularidad) ambos han destapado sus cartas para llevar al hijo de Bolsonaro al triunfo en las urnas. La gran paradoja es que, ante los ataques de naciones externas, Lula se fortalece. Los aplausos de Washington y Buenos Aires hacia Bolsonaro no son recibidos con beneplácito por una parte del electorado brasileño que empieza a interpretar al heredero de la derecha como un traidor al interés nacional.
Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.