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Vietnam: aliviadero de China

29 de abril de 2025
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  • Vietnam: aliviadero de China

Por Beatriz de Majo - beatrizdemajo@gmail.com

Desde el primer gobierno de Donald Trump, Vietnam comenzó a evidenciarse como una opción alternativa a China para los inversionistas industriales ávidos de optimizar sus costos de producción. De entonces a esta parte, una migración importante de capitales se volcó hacia un país donde era posible disponer de mano de obra más económica y conseguir una fuerza de trabajo mejor calificada que la china. El interés de nuevos productores se vio sostenido con la cantidad de acuerdos comerciales beneficiosos rubricados por Vietnam con buena cantidad de países transpacíficos y europeos. La animosidad hacia China, impulsada vehementemente desde los Estados Unidos, también valorizó a Vietnam ante los ojos de capitales adversos a tomar partido en la guerra que se venía venir.

Las distorsiones que se generaron durante la crisis del COVID en el área de los suministros también pusieron a pensar a importadores y exportadores que es necesario disponer de vías alternas a las cadenas dominadas muy eficientemente por China. La ubicación geográfica de Vietnam beneficia a quienes comercian con Asia por los menores costos de transporte y plazos de entrega, aun cuando ni su infraestructura productiva ni sus dimensiones puedan ser comparadas con las de China.

China fue la primera en no pasar por alto que Vietnam podía convertirse en un aliviadero y un conjunto importante de manufacturas chinas se mudaron a Vietnam dentro de una estrategia encaminada a sortear sanciones que se venían venir del lado de los Estados Unidos. El año pasado, los inversionistas chinos colocaron capitales en suelo vietnamita por 4.730 millones de dólares y en los tres primeros meses de 2025 se registraron ya 1.470 millones, 70% más que en el primer trimestre de 2024. En este mismo periodo, un tercio de las empresas registradas en suelo vietnamita para nuevos emprendimientos son chinas. ¡Estamos hablando de 351 nuevos proyectos en un trimestre!

Vietnam es hoy, pues, un destino preferido cuando se trata de protegerse de las vulnerabilidades chinas. Este es el caso de corporaciones tecnológicas de gran calado y de espectro mundial como Apple. Esta empresa cuenta ya allí con 11 plantas en sociedad con empresarios locales. El ensamblaje de AirPods, iPads y el Apple Watch ocupa hoy puestos de trabajo en cantidades muy significativas para la economía vietnamita.

Es así como de cara a la guerra comercial global en la que Estados Unidos nos ha sumergido, Vietnam se ha convertido en un eje de atención preferido. Una muestra de ellos es que para esta fecha cerca del 20% de las importaciones de ropa de los Estados Unidos y el 34% del calzado viene de Vietnam.

Pero donde el cambio cualitativo es mayor, debido al valor agregado que incorpora, es en la esfera de lo tecnológico. Importantes corporaciones transnacionales han trasladado a allí proyectos productivos que abarcan las áreas de electricidad, electrónica, procesamiento, infraestructura, energía renovable, vehículos. Así es como la conexión entre China y Vietnam está consiguiendo reforzar a este país como un actor preponderante en la cadena de suministros de productos electrónicos de la cual los Estados Unidos es un consumidor mayúsculo.

El éxodo de empresas chinas a Vietnam pone a Washington a mirar con atención su relación con este estrecho socio comercial de Pekín. Ambos países cuidan mutuamente sus espaldas. Muchas de las empresas vietnamitas tienen a China como fuente principal de sus suministros, así que el interés de ambos lados de fortalecer sus lazos productivos se irá profundizando en la medida en el que el comercio global siga siendo alterado por las políticas de Donald Trump.

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María Clara Posada Caicedo

Jean-François Revel advertía en El conocimiento inútil que una de las paradojas centrales de la modernidad es esta: nunca hubo tanta información disponible y, sin embargo, nunca fue tan fácil mentir con éxito. Para Revel, el mundo no se mueve por la ignorancia sino por la manipulación consciente del conocimiento. La mentira prospera cuando se reviste de ideología, cuando se presenta como una “verdad superior” que pretende corregir o sustituir a la realidad. Allí nace lo que él llama la inutilidad del conocimiento: los hechos están, pero no importan si contradicen el dogma.

Esa lógica no surge de la nada. Tiene antecedentes explícitos en la tradición revolucionaria. León Trotski lo formuló sin ambigüedades al sostener que no se tiene derecho a decir toda la verdad cuando esta debilita a la revolución, una paráfrasis fiel de su concepción instrumental de la verdad política. Iósif Stalin fue todavía más brutal al afirmar que las ideas son más poderosas que los hechos. No se trata de frases aisladas ni de provocaciones retóricas, sino de una doctrina: la verdad deja de ser un valor y se convierte en un medio subordinado a la causa.

Revel sostenía que esa mentalidad es particularmente visible en cierta izquierda que no discute la realidad sino que la reescribe. Esa, que no busca comprobar, sino confirmar. Frente a la verdad empírica, levanta una verdad ideológica moldeada por sesgos, resentimientos, odios y una convicción moral que se cree autorizada a falsear porque se auto-percibe del “lado correcto de la historia”. La mentira deja de ser un problema ético y se vuelve una herramienta política.

Ese patrón se hace evidente en el comportamiento del candidato del continuismo, Iván Cepeda, frente al expresidente Álvaro Uribe Vélez. No se trata aquí de una diferencia de opiniones o de una controversia ideológica legítima. Se trata de una contradicción vulgar entre lo que Cepeda afirma bajo juramento en los estrados judiciales y lo que declara sin pudor en escenarios mediáticos internacionales.

El abogado del expresidente, Jaime Granados Peña, lo ha expuesto con claridad: Cuando Cepeda fue contrainterrogado en juicio y enfrentado a la gravedad del juramento, tuvo que admitir que no le constaba ningún hecho que comprometiera penalmente a Uribe. Nada. Ninguna prueba. Ningún conocimiento cierto. Solo conjeturas. Sin embargo, lejos de contextos con consecuencias legales, Cepeda reaparece en España acusando al presidente de haber construido su poder económico en relación con el narcotráfico. La diferencia entre ambos escenarios es reveladora. Ante los jueces, la verdad fáctica se impone. Ante los micrófonos, la ideología se desborda. Es exactamente el fenómeno que describía Revel y que Trotski y Stalin asumieron como principio: cuando la causa lo exige, los hechos estorban.

Granados añade otro elemento que Cepeda omite deliberadamente en sus discursos internacionales. El expresidente Uribe fue exonerado por el Tribunal Superior de Bogotá, que revocó una decisión injusta y lo declaró inocente. También recuerda que el caso de Santiago Uribe tuvo una absolución que hoy se encuentra en discusión jurídica, sujeta a impugnación ante la Corte Suprema de Justicia. Esos datos existen. Son públicos. Pero no encajan en el relato del stalinismo del siglo XXI. Aquí no estamos ante un error. Estamos ante una estrategia en la que se dice una cosa donde hay sanción y otra donde no la hay. Se callan los hechos que incomodan y se amplifican las acusaciones que alimentan el prejuicio. Eso, en términos de Revel, no es ignorancia. Es una forma activa de mentira.

Colombia paga un alto precio cuando la política adopta esta lógica y las elecciones se someten a ese vaivén. Porque cuando la verdad deja de importar, todo se vuelve sospechoso. Y cuando la ideología se cree con derecho a sustituir los hechos, la democracia se resquebraja. Revel lo advirtió hace décadas. Trotski y Stalin lo proclamaron sin pudor. Hoy, tristemente, lo experimentamos en carne propia con nuestra versión Temu, en Cepeda -el neotrostkiano.

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