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Diego Fernando Gómez

Ingeniero y economista con doctorado en Ingeniería, y doctorando en Historia Empresarial en la Universidad Autónoma de Barcelona. Director de ECSIM y profesor en varias universidades, ha liderado proyectos nacionales e internacionales —públicos y privados— sobre innovación, desarrollo económico y sostenibilidad. Para él, referente en pensamiento empresarial y prospectiva territorial, las ciudades nacen en lo local, pero su destino es el mundo. Solo al abrirse y conectarse logran desplegar su verdadero potencial y construir bienestar duradero.

Antioquia como laboratorio de desarrollo para Colombia

Cada experimento debería tener objetivos, plazos e indicadores verificables.

hace 2 horas
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  • Antioquia como laboratorio de desarrollo para Colombia

Por Diego Fernando Gómez - opinion@elcolombiano.com.co

Antioquia enfrenta una paradoja. Posee una de las mayores acumulaciones de capacidades empresariales, industriales, científicas e institucionales de Colombia, pero no se han traducido en un salto proporcional en productividad e ingreso. El contraste con Shenzhen resulta ilustrativo. Hacia 1990, el PIB per cápita nominal de Antioquia y Shenzhen era sorprendentemente semejante: aproximadamente US$2.049 y US$2.320, respectivamente. En 2025, Antioquia se acercaba a US$9.900, mientras Shenzhen superaba US$30.700. La diferencia pasó a una relación tres veces superior.

La experiencia de Shenzhen ofrece una lección que Colombia podría considerar. Su Zona Económica Especial, creada en 1980, funcionó como un espacio donde China pudo experimentar con reglas que resultaban difíciles de introducir en todo el país. Se probaron mecanismos diferentes para atraer inversión extranjera, facilitar la actividad empresarial, promover exportaciones, desarrollar infraestructura y permitir una interacción más flexible entre Estado y mercado. Los resultados positivos fueron posteriormente utilizados para extender reformas hacia otras regiones.

Ese podría ser el propósito de una Zona Económica Especial de Desarrollo de Antioquia: convertir el departamento, durante los próximos 15 años, en un laboratorio colombiano de desarrollo. Su objetivo debería superar ampliamente la concesión de exenciones tributarias. Antioquia podría recibir facultades especiales, dentro del marco constitucional y mediante legislación nacional, para experimentar con instrumentos regulatorios, empresariales, laborales, tecnológicos, educativos, aduaneros y financieros dirigidos a aumentar la productividad, desarrollar nuevas actividades exportadoras y acelerar acumulación de capacidades tecnológicas. Podrían implementarse procedimientos simplificados para inversión y creación de empresas; mecanismos ágiles para proyectos de ciencia, tecnología e innovación; nuevos modelos de formación técnica y tecnológica articulados con necesidades productivas; instrumentos para atraer talento internacional; regulación experimental para tecnologías emergentes; incentivos a exportaciones, empleo flexible y calificado y desarrollo de proveedores; y esquemas innovadores para financiar infraestructura, energía, logística y transformación empresarial.

Cada experimento debería tener objetivos, plazos e indicadores verificables. Las políticas que produzcan resultados podrían posteriormente incorporarse al régimen nacional. Antioquia se convertiría así en un territorio donde Colombia pueda aprender qué reformas funcionan antes de intentar aplicarlas a todo el país.

El terremoto del 10 de agosto de 2026 abre, además, una oportunidad para incorporar una dimensión territorial a esta estrategia. La reconstrucción del Occidente antioqueño podría convertirse en uno de los primeros grandes proyectos del laboratorio. Reconstruir infraestructura, vivienda y equipamientos debería acompañarse de una transformación económica basada en conectividad, agroindustria, bioeconomía, turismo, energías limpias, logística y nuevos emprendimientos, articulando progresivamente el Occidente con Medellín y Urabá.

Shenzhen muestra que los territorios pueden funcionar como plataformas de aprendizaje institucional. Antioquia dispone de una combinación poco frecuente en Colombia de empresariado, universidades, infraestructura, capacidades tecnológicas e instituciones públicas y sociales que permitiría intentar un experimento de esta naturaleza. Shenzhen fue el laboratorio desde el cual China comenzó a transformar su economía. Colombia necesita construir su propio laboratorio.

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Diego Fernando Gómez

Ingeniero y economista con doctorado en Ingeniería, y doctorando en Historia Empresarial en la Universidad Autónoma de Barcelona. Director de ECSIM y profesor en varias universidades, ha liderado proyectos nacionales e internacionales —públicos y privados— sobre innovación, desarrollo económico y sostenibilidad. Para él, referente en pensamiento empresarial y prospectiva territorial, las ciudades nacen en lo local, pero su destino es el mundo. Solo al abrirse y conectarse logran desplegar su verdadero potencial y construir bienestar duradero.

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