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Por Andrés Restrepo Gil - restrepoandres20@hotmail.com

Escuelas sobre el agua

Por el papel que la educación cumple, la acumulación de días en los que a la escuela no se puede acudir, como resultado de las inundaciones, han devenido en una auténtica tragedia.

hace 1 hora
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  • Escuelas sobre el agua

Por Andrés Restrepo Gil - restrepoandres20@hotmail.com

Al crecer los niveles, el agua se filtra en gran parte de la escuela: en las canchas, en los salones, en las oficinas. El resultado es una gran capa de agua que alcanza, según mis cálculos, hasta los quince centímetros. Salvo por unos pasillos, inmunes por la altura que poseen, el agua inunda todo el primer nivel de las escuelas. Tras las lluvias, y con la lluvia la creciente del Río Nechí, se crean en algunas escuelas de El Bagre, Bajo Cauca antioqueño, espejos de agua que logran filtrarse en gran parte de los espacios, cubriendo casi todos los rincones. Todo se detiene: no se puede estudiar en los salones, no se puede jugar en las canchas, no se puede trabajar en las oficinas. Llueve, el río crece, los niveles de agua aumentan. Incapaces de digerir la cantidad que a ella se filtra, las escuelas terminan sobre una gran superficie de agua, sumergidas e inundadas.

Según mi impresión, el ciclo ya no asombra a nadie. Ciertamente, no es este un fenómeno inesperado. Que algunas de las escuelas de este municipio del Bajo Cauca se inunden es una realidad habitual, más que un suceso repentino. El Bagre es un municipio condenado a las inundaciones. La caída de la lluvia y el aumento del cauce del río indican que parte de sus escuelas quedarán otra vez sobre el agua, que sus puertas tendrán que cerrar y que los estudiantes, nuevamente, no podrán ir a la escuela. El desenlace es siempre el mismo: una escuela cerrada y unos días, a nivel educativo, perdidos.

Educarse, instruirse, recibir algún tipo de formación, en algunos territorios del país y en algunas de sus escuelas, pende aún de caprichosas circunstancias, como es el caso de este municipio y de algunas de sus escuelas. El capricho de estas circunstancias hace que educarse deje de ser un derecho inviolable y se convierta en un servicio aleatorio, fortuito y eventual, sujeto a la lluvia y a la capacidad de un alcantarillado para evacuar el agua acumulada en su superficie.

Al encarar las adversidades no debemos caer seducidos ante la tentación de reconciliarnos con sus consecuencias. Más aún si se trata de educación; más aún si se trata de un derecho. Es esencial asimilar seriamente que tener una escuela a la que llegar es vital y, paralelamente, dimensionar las pérdidas fatales que involucra acumular días sin escuela por el agua, por la lluvia, por las crecientes y por las inundaciones.

Insisto: por el lugar en el que esto ocurre, por los retos formativos que allí se encuentran, por el papel que la educación cumple en estos lugares, la acumulación de días en los que a la escuela no se puede acudir, como resultado del capricho de las inundaciones, han devenido en una auténtica tragedia educativa. Cada día de formación es invaluable y cada jornada de educación es, desde el lugar en el que se le mire, crucial. Especialmente, en estos territorios. Especialmente, en estas escuelas.

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Por Andrés Restrepo Gil - restrepoandres20@hotmail.com

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