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Columnistas | PUBLICADO EL 17 septiembre 2021

Ambientes no tan tóxicos

Por AGOSTINHO ALMEIDA@agos_almeida

Encontrar un entorno de trabajo perfecto es una misión imposible. Especialmente cuando encontrar trabajo es una tarea tan compleja en sí misma. Cuando estamos creciendo, y antes de conseguir el primer trabajo, los consejeros y los expertos en recursos humanos no se enfocan mucho en eso cuando nos preparan para esta nueva realidad laboral. Las recomendaciones y lecciones aprendidas (al menos en mi época) no contemplaban, por ejemplo, ese concepto de ambientes de trabajo tóxicos. Lo cual tiene algún sentido porque es de esos escenarios en que “hay que vivirlo para contarlo”.

Desde la deshonestidad y la falta de transparencia hasta las políticas injustas y el trato desigual, hay diferentes señales asociadas a un ambiente laboral tóxico. El tipo de liderazgo equivocado tiene una gran influencia: narcisista, autoritaria o la falta de empatía; el colocar el trabajo por encima de las necesidades personales. Por otro lado, mala comunicación y falta de claridad en torno a las decisiones. Y, por supuesto, la intimidación y que no se valore la opinión o los aportes de uno. Siendo intelectualmente honesto, tengo sentimientos encontrados sobre las experiencias que he tenido trabajando en ambientes tóxicos. Naturalmente, no es una situación sana para nadie, pudiendo pasar factura a nivel profesional y personal. Sin embargo, sí lo prepara a uno para la vida en sus diferentes facetas; sobre todo, desde la claridad de que el mundo, particularmente en lo que se refiere a la humanidad, es más gris que negro o blanco.

Una cosa que generalmente no se discute mucho es el hecho de que, siendo también parte de ese entorno, como empleados posiblemente estemos involucrados en ciertas acciones y reacciones asociadas a esa toxicidad. La otra es que los entornos de trabajo tóxicos suelen ser temporales y cíclicos dentro de las organizaciones: al ser humanos, es natural que pueda variar con diferentes períodos del año, los miembros del equipo y las responsabilidades o el liderazgo. Comprender que uno puede ser parte del problema tanto como parte de la solución y que a veces las personas simplemente tienen días o momentos malos es un componente clave para crecer tanto profesional como emocionalmente. Una cosa es segura: un entorno de trabajo tóxico es mucho más que un trabajo que “odias”, con idiosincrasias que pueden ser profundas y que no debemos menospreciar desde nuestro propio ser. Y que hay otros conceptos bien más complejos: por ejemplo, amistades o entornos familiares tóxicos. Más difícil de identificar, de admitir y, por supuesto, de cambiar. El viejo dicho de que “puedes elegir tu trabajo, pero no tu familia” se aplica más veces de las que uno quisiera admitir.

Lo que sí es cierto es que la vida es corta; demasiado corta para gastar en ambientes laborales tóxicos. Ya sabemos que tomar decisiones y llevarlas a la acción no es tan fácil por muchas veces estar fuertemente cargado de conexiones emocionales o por la misma sociedad y ambiente laboral que elevan barreras y amplían brechas. Pero tal cual menciona Mario Benedetti: “De un tiempo a esta parte, el infinito se ha encogido peligrosamente”; es importante saber cuando actuar y promover esos cambios transformadores para nuestras vidas

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