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Por Alejo Vargas Velásquez - vargasvelasquezalejo@gmail.com
Los inicios del 2026 han estado marcados internacionalmente por la política y el actuar del gobierno de Trump y todo indica que esa será la tónica del resto del año, pero esos hechos -especialmente la operación militar contra Venezuela y la ‘captura’ de Nicolás Maduro y su señora- reflejan y hacen evidente otros que se vienen ejecutando y madurando en el contexto internacional. Para sólo mencionar dos de los más relevantes, la invasión de Ucrania en 2022 por la Rusia de Putin -bueno realmente desde 2014 con la toma de Crimea- y la anunciada pretensión de la China de Xi-Ji Ping de tomar Taiwan como parte de la ‘reunificación’ de su país.
Frente a esto, que es solo la punta del iceberg, la pregunta es, si el organismo creado después de la segunda guerra mundial para contribuir a la paz entre naciones, la ONU, que tenía como objetivos fundacionales “i) mantener la paz y seguridad internacionales; ii) fomentar las relaciones de amistad entre naciones; iii) favorecer la cooperación internacional para solucionar problemas... iv) armonizar los esfuerzos de las naciones para alcanzar estos propósitos...” Estos objetivos han guiado el actuar de la ONU desde su creación en 1945, pero progresivamente le fueron adicionando una gran cantidad de objetivos y tareas, que contribuyeron a que perdiera eficacia y efectividad y hoy día sea blanco de críticas. Se le dio una estructura conformada por la Asamblea General, que funciona con la lógica de la democracia, un país un voto; un Consejo de Seguridad, que funciona con la lógica del poder, cinco miembros permanentes -las potencias vencedoras en la segunda guerra mundial y quienes tienen derecho al veto- y otros miembros transitorios que representan las distintas regiones del planeta, por elección regional; el Consejo de Seguridad es el que puede definir y decidir intervenciones sobre un país, etc. y un Secretariado General como órgano ejecutivo.
En ese sentido creería que la discusión no debería ser la que burocráticamente parecen querer dar algunos países para ser parte como miembros permanentes del Consejo de Seguridad, considero que la gran reforma debería darse alrededor de la gran cantidad de objetivos adicionales que se le fueron asignando a la ONU, algunos de ellos que han cumplido con esmero, como ayudar a la solución de conflictos internos armados -como nos ayudaron eficazmente a nosotros-, pero que habría que preguntarse si deben seguir siendo objetivos de la ONU. A la ONU se le criticó mucho durante la guerra de Balcanes -incluso hubo filmes un poco ridiculizándolos-, pero en últimas me parecería que el problema radica en la ampliación de objetivos que le adicionaron al organismo como una especie de árbol de navidad.
Ojalá que los países, empezando por las grandes potencias -que deben explicitar cuál es su pretensión para el mundo actual, un mundo con ‘zonas de influencia’, un mundo reglado, un mundo con ‘Nortes’ definidos-, pero también los países medianos deberían analizar y evaluar con realismo -no con el ilusionismo de algunos líderes-, cuáles deberían ser los objetivos del organismo y al tiempo revisar toda la estructura normativa y preguntarse porque muchos países no aceptan legislaciones internacionales como la de la CPI por ejemplo.