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La alternancia política democrática

hace 2 horas
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  • La alternancia política democrática

Por Alejo Vargas Velásquez - vargasvelasquezalejo@gmail.com

Una característica, de las más importantes, de la democracia liberal es que permite y viabiliza la alternancia política; claro si los participantes políticos están preparados para jugar ese rol -que es donde comienza a cojear la nuestra-, porque aunque parezca extraño, lo cierto es que los sectores políticos que no habían podido acceder al gobierno, una vez allí pareciera que se engolosinan con él y no quieren dejarlo, porque seguramente temen que no vuelvan a tener posibilidad de retornar más adelante -se les olvida que ya fueron elegidos en una ocasión y que su partido podría repetir en una próxima elección si tiene un buen candidato-.

Si tenemos gobernantes verdaderamente demócratas, no importa si son de derecha, de centro o de izquierda, podríamos aspirar a que haya respeto por la pluralidad política -en política no existen enemigos, eso es propio de la guerra, sino adversarios políticos que pueden llegar a coincidencias puntuales como lo vimos en la elección del presidente del Congreso-, por la oposición, la libertad de opinión, por las universidades -públicas y privadas- sin pretender convertirlas en espacios de adoctrinamiento político, tampoco los medios públicos del Estado, que no fueron concebidos para que el gobierno de turno se hiciera propaganda, sino para adelantar tareas de educación, socialización y divulgación, con respeto por la pluralidad.

Pero un problema que atenta contra esto es la actitud mesiánica que normalmente asumen los líderes que llegan a la presidencia; están convencidos -equivocadamente, por supuesto- que ellos van a realizar el mejor gobierno de la historia y por ello ‘olvidan’ que normalmente todos los gobiernos hacen ciertas cosas buenas, otras regulares y otras malas y eso es una constante, pero a ese líder mesiánico le queda muy difícil aceptar esa realidad política. Hemos escuchado muchas veces en nuestra historia y el gobierno que termina no fue una excepción en ese sentido, que el gobierno que inicia va a ser el mejor de la historia -recuerden los dichos del Presidente que está terminando, que ojalá fueran un aprendizaje para el que llega, pero en política se dice que casi nadie aprende de la experiencia de los otros-. Porque el que va a iniciar cree que ahora sí llegó el que va a cambiar todas las cosas y la realidad enseña que no es así; lo que no quiere decir que el gobierno que empieza tenga la posibilidad de hacer cosas positivas -pero igual ha sucedido en los casos anteriores-.

Igualmente entender que pese a ser el nuestro un régimen presidencialista, eso no significa que el Presidente tenga todo el poder, no. Existe lo que denominan los anglosajones ‘pesos y contrapesos’, es decir hay un Congreso que tiene su autonomía -con diversidad de fuerzas políticas que forman coaliciones transitorias o permanentes-, una Rama Judicial igualmente autónoma, unos organismos de control -Procuraduría, Contraloría, Defensoría- y otros órganos autónomos, como el Banco de la República, los órganos electorales -Registraduría, Consejo Nacional Electoral- y una oposición política, que en la medida en que juegue limpio, porque aquí parece estarse transitando el camino de una oposición no legitima que al no reconocer los resultados electorales y legales pierde su propia espacio para el necesario control político.

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