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Hacia la familia queer

Es tiempo de evolucionar nuestra percepción de la familia; de desligarla de los meros vínculos sanguíneos y roles petrificados, donde ser madre se supone exclusivo del embarazo, como si cada ser se limitara a un único papel o identidad.

04 de mayo de 2024
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  • Hacia la familia queer
  • Hacia la familia queer

Por Aldo Civico - @acivico

Subiendo hacia el aeropuerto de Rionegro, observé un cartel que declaraba: “la familia es tu primera red social”. De manera instintiva, mi cuerpo se tensó y mi ceño se frunció. ¿De dónde surgía esta reacción visceral? Me inquietaba, en primer lugar, la ausencia de cualquier adjetivo que acompañara a la palabra ‘familia’. ¿A qué modelo de familia aludía el cartel? ¿Acaso solo a esa concepción tradicional, heteronormativa y patriarcal? ¿O solamente aquellas constituidas por vínculos jurídicos? Además, considerando que cada definición conlleva cierto grado de exclusión, me cuestioné: ¿a quién incluye y a quién deja fuera esta afirmación? Además, el mensaje parecía destilar una visión idealizada y conservadora de la familia, distante de las complejidades y realidades que enfrentan muchos. Si el cartel buscara un reflejo más fiel de numerosas experiencias, quizás debería admitir: ‘la familia es tu primera red social, desafortunadamente’.

Reflexioné sobre las historias familiares de varios amigos, historias marcadas por el rechazo, la vulneración y el abuso en sus propios hogares, lejos de ser aquel refugio seguro y amoroso que uno esperaría. Pensé en una colega, marcada por el estigma del incesto. También vinieron a mi mente recientes noticias trágicas, como la de dos menores encontradas con un extranjero en un hotel, o el niño de tres años asesinado por su padrastro. ¿A qué concepción de familia fueron arrojados estos seres? Además, me vinieron a la mente incontables amigas obligadas a encarnar, ellas solas, los roles de madre y padre. Recordé a mi abuela materna, nacida de una adolescente durante los estragos de la Primera Guerra Mundial, y que solamente en su madurez logró conocer a su padre. Para muchas de estas personas, la idea de considerar a la familia como su primera red social despierta traumas, ansiedades, rencores y profundas tristezas.

En verdad, es tiempo de evolucionar nuestra percepción de la familia; de desligarla de los meros vínculos sanguíneos y roles petrificados, donde ser madre se supone exclusivo del embarazo, como si cada ser se limitara a un único papel o identidad. Deberíamos disminuir la importancia otorgada a la fidelidad —a menudo un eufemismo para la posesión— y, en su lugar, valorar la fiabilidad, que radica en el ejercicio libre y consciente de la responsabilidad. Más allá de la consanguinidad, anhelamos una familia en la que sus miembros se escogen libremente, sin roles fijos ni perpetuos. Al contrario, deberíamos poder optar por una familia en la que los roles son intercambiables, donde quien hoy es un ‘hijo del alma’ mañana puede convertirse en hermano, amigo, socio o mentor. Michela Murgia describía esta familia como la familia queer, no solo en términos de sexualidad, sino como la condición de aquellos que optan por habitar un espacio liminal, renunciando a definiciones estrictas, a lo que es considerado ‘normal’ y ‘correcto’, para privilegiar el cambio, la mutación, la expansión; para elegir experiencias y personas que nos enriquecen. Una familia así, es decir, queer, sí que me gusta pensarla como mi primera y fundamental red social.

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